Evangelio: Juan 15,26-16,4
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto para que no tambaleéis.
Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».
Comentario
Las lecturas de este año no recogen el «segundo anuncio del Paráclito», donde se nos dice que el Espíritu Santo nos lo «explicará todo» (14,25-26). Leemos hoy el «tercer anuncio»; es el «Espíritu de la verdad». La verdad solo tiene un camino. Lo demás son componendas, arreglos, medias verdades. El Espíritu Santo da testimonio de quién es Jesús, y nosotros también debemos dar «testimonio».
La fe se confiesa con los labios, pero se lleva a la vida diaria, no escondiéndose de las dificultades o buscando escenarios favorables, sino allí donde se está. Jesús habla de la persecución directa: expulsión de la sinagoga e incluso pena de muerte.
Desde un punto de vista histórico, podemos ver en estas palabras la ruptura que tuvo lugar entre la comunidad cristiana naciente y la comunidad judía (la sinagoga). No todo fue fácil al principio; más aún, fue muy difícil, y las controversias acabaron en ruptura. Los discípulos de Jesús saben que la fe que profesan y la proclamación abierta del Evangelio, la verdad del Evangelio, es fuente de conflictos. Pero no hay que temer, porque no estamos solos. El Espíritu Santo es nuestro defensor.
