11 mayo, 2026

 Evangelio: Juan 15,26-16,4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto para que no tambaleéis. 

Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».


Comentario

Las lecturas de este año no recogen el «segundo anuncio del Paráclito», donde se nos dice que el Espíritu Santo nos lo «explicará todo» (14,25-26). Leemos hoy el «tercer anuncio»; es el «Espíritu de la verdad». La verdad solo tiene un camino. Lo demás son componendas, arreglos, medias verdades. El Espíritu Santo da testimonio de quién es Jesús, y nosotros también debemos dar «testimonio». 
La fe se confiesa con los labios, pero se lleva a la vida diaria, no escondiéndose de las dificultades o buscando escenarios favorables, sino allí donde se está. Jesús habla de la persecución directa: expulsión de la sinagoga e incluso pena de muerte. 
Desde un punto de vista histórico, podemos ver en estas palabras la ruptura que tuvo lugar entre la comunidad cristiana naciente y la comunidad judía (la sinagoga). No todo fue fácil al principio; más aún, fue muy difícil, y las controversias acabaron en ruptura. Los discípulos de Jesús saben que la fe que profesan y la proclamación abierta del Evangelio, la verdad del Evangelio, es fuente de conflictos. Pero no hay que temer, porque no estamos solos. El Espíritu Santo es nuestro defensor.

07 mayo, 2026

Sin trucos ni atajos

 Evangelio: Juan 15,9-11

 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».


 Comentario

 Seguimos leyendo el evangelio de Juan; ayer contemplábamos la afirmación de Jesús «Yo soy la vid», y añadía que «mi Padre es el viñador». Luego, en el desarrollo de la imagen, insistía en que, así como los sarmientos no pueden vivir separados de la cepa, así tampoco los discípulos pueden vivir separados de Jesús. De ahí la invitación a «permanecer» unidos a él. 

De nuevo Juan recurre al motivo teológico que repite en su obra: «el amor». Lo que nos pide Jesús es: «Permaneced en mi amor». Juan hace una afirmación, luego incorpora una nueva idea, vincula las dos, retorna a la primera… es una forma de hacer teología reiterada, insistiendo una y otra vez para buscar mayor profundidad.

El amor en el que debemos permanecer nos lleva a guardar los mandamientos, ¿y cuál es el mandamiento nuevo, según Juan? Que os améis unos a otros. Esta propuesta de Jesús lleva a la profunda alegría. Con frecuencia estamos desorientados, buscando alternativas a la vida, esperando que alguien nos dé claves nuevas para afrontar el día a día y lleguemos a la «plenitud». Jesús nos dice que la verdadera felicidad está en el amor; más aún, en permanecer en el amor de Cristo. No hay otros «trucos» ni «atajos».

 

05 mayo, 2026

Optamos por la paz en amor, sin recurrir a la violencia

 Evangelio: Juan 14,27-3

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. 

Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, sigáis creyendo. 

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago».



 
Comentario

Seguimos leyendo el evangelio de san Juan en el contexto de los discursos de despedida de Jesús. Él «vuelve al Padre», pero no nos deja solos, sino que nos entrega el Espíritu Santo.

El discurso de Jesús avanza en espiral, como es su costumbre: Jesús nos entrega su «paz», no la del mundo. El don de la «paz» (shalom en el mundo bíblico) está íntimamente unida al amor del Padre (ágape en el evangelio de Juan); a su vez, este amor del Padre está inseparablemente vinculado a él y a los que el Padre les ha confiado.

No hay paz sin amor; el odio nunca puede traer la paz. La división y la mentira son compañeras de la violencia. Desde un punto de vista humano y espiritual, la paz forma un binomio con el amor. En muchas ocasiones son sinónimo de los deseos de toda persona de bien, sea religiosa o no.

Juan insiste en la situación en que queda el discípulo; no puede caer en el miedo/pánico ante lo desconocido que paraliza y esteriliza, sino en la confianza, porque sabe que Jesús no le ha dejado solo, abandonado a su suerte, sino que volverá. El adversario de Jesús, «el príncipe de este mundo», no tiene poder sobre él.

  


13 abril, 2026

¿Y si no está todo decidido aún en tu vida de fe?

 Evangelio: Juan 3,1-8

 Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el  vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

 


Comentario

 Nicodemo, un fariseo principal, va a ver a Jesús y le reconoce que «viene de parte de Dios» por los signos que hace, si bien no cree en él. Su fe es inicial, incompleta, pues Nicodemo va «de noche»; san Juan juega en su evangelio con la luz del día para indicar si la persona protagonista está en tinieblas, está comenzando a ver o si ve con claridad.

Estamos ante un diálogo creciente: Jesús le invita a «nacer» de lo alto; pero Nicodemo habla de un «nacimiento físico», porque no entiende más allá. Jesús insiste y le dice que hay que «nacer del agua y del Espíritu». Es más, «hay que nacer de nuevo».

El juego de palabras entre lo evidente, palpable y definido, y lo simbólico, posible, novedoso, es evidente. El diálogo entre Jesús y Nicodemo es modélico para la vida de fe. Pensamos que no tenemos edad para empezar de nuevo, porque lo hemos visto todo, no creemos en la novedad o, simplemente, estamos cansados. Las rutinas y la falta de ilusión matan; también pueden ahogar la fe en Dios. Nicodemo es un adulto fariseo, pero Jesús le invita a romper esquemas y dejar que el Espíritu entre en su vida. Se puede empezar de nuevo. Entonces, y ahora, y mañana. La conversión, la revitalización de la fe dormida, la recuperación de la ilusión juvenil, es posible, porque podemos «renacer en el Espíritu de Jesús».