Las titulaciones de ‘master’. Hace solo unos pocos
años, una década o a lo sumo dos, nadie hablaba de los estudios universitarios
que llevaban el título anglosajón de ‘master’. Es más, nos parecía una
cursilería propia de unos pocos sabidillos. Hoy, sin embargo, oímos hablar de
este título universitario con normalidad. Los estudiantes jóvenes han hecho, o
tienen en sus planes inmediatos realizar un ‘master’. Podríamos traducir este
término literalmente como ‘maestro’, añadiéndole el sentido de que adquiere una
‘autoridad’ en la materia, de que es un ‘especialista’ de referencia.

El evangelio
da un vuelco. Jesús conocía bien esta situación. Él desde pequeño había
oído hablar de estos ‘maestros de la Ley’ y luego, sin duda, en más de una
ocasión los frecuentó y los escuchó. Sin embargo no lo hizo con la sumisión
entregada y acrítica de la mayoría de sus compañeros. Jesús no solo no estaba
de acuerdo con ellos, sino que se enfrentó a ellos y les denunció. El evangelio
de Mateo comienza solemnemente con las palabras de Jesús: «en la cátedra de
Moisés se han sentado los escribas y fariseos». Jesús no rechaza la Ley de
Dios, sino el abuso y la interpretación que unos pocos hacen de ella. Ellos se
consideran «maestros»; Jesús dice, sin embargo, a sus discípulos que no les
llamen «maestros», porque uno solo lo es, Dios. Lo mismo dice con el título de
«padre»: solo a Dios se le debe llamar «Padre»; lo mismo dice del título de
«jefe».
¿Acaso Jesús propone
una sublevación total de los estamentos sociales? ¿Podríamos pensar que Jesús
anuncia un cambio de esquemas políticos? A lo largo de la historia se han
intentado distintas lecturas en esta línea: Jesús como revolucionario, como
instigador de cambios radicales en la sociedad… La compleja y convulsa vida de
la humanidad y de la Iglesia han ido desvelando que se tratan muchas veces de
lecturas del evangelio interesadas, que parten de prejuicios ideológicos.
‘Master’ sí,
en discipulado. Recuperamos la imagen del título de ‘master’ que tanto
juego da, en los albores del siglo XXI, en los países de occidente que sueñan
con un futuro prometedor e ilusionante. Siguiendo esta estela, me atrevería a
reflexionar y compartir. ¿Jesús nos propone un ‘master’? La respuesta sería,
‘sí’. La propuesta de Jesús sigue siendo paradójica. Se mueve entre el ‘ya’ y
el ‘todavía no’; entre las ‘expectativas’ que se crean y la ‘realidad profunda’
que encierra.
Jesús nos propone
que seamos ‘maestros en su seguimiento’; que hagamos el ‘curso del
discipulado’; que nuestra ‘especialidad’ sea la de interpretar y seguir las
huellas por donde él transita. La
sorpresa será, precisamente, esa: que no llamaremos a nadie «maestro», ni
«padre», ni «jefe», porque Dios hará que descubramos que él mismo, Dios, es
nuestro maestro; que Dios es «el Padre del cielo»; que las jerarquías entre
jefes que mandan y subordinados que obedecen desaparecen ante la nueva
realidad: todos somos hermanos en nuestra condición de hijos del Padre de Dios,
de hermanos en el hermano mayor que es Jesús.
Un deseo final: que todos hagamos este ‘master de discipulado’ tras las
huellas de Jesús.
Pedro Ignacio Fraile