23 abril, 2016

SEÑOR, MUÉSTRANOS AL PADRE


 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mi ha visto al Padre. 
(Juan 14,7-9)







La petición de Felipe muestra el deseo de tantas personas religiosas: «dinos cómo es Dios». Sin embargo Jesús no es un hombre cualquiera que «habla de Dios», que pronuncia «discursos acerca de Dios», sino que Jesús «revela el corazón mismo de Dios». Quien ve y conoce a Jesús, entra en el conocimiento del Padre. La propuesta del evangelio de Juan no es solo para «curiosos», sino para personas que buscan la fe.

19 abril, 2016

ANUNCIO OCULTO, FE DESAPARECIDA


LECTIO DIVINA

Se celebraba en Jerusalén la hasta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba  en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.» Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatara de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.» (Jn 10,22-30)

LECTIO. Jesús enseña en el Templo; es la fiesta de la Dedicación (Hannuká), que suele celebrarse en invierno. Lo hacía públicamente, sin miedo, paseándose por el Pórtico de Salomón. Los judíos que se le acercan buscan una respuesta sin medias tintas: si el eres el Mesías, dínoslo. Jesús remite a sus propias obras; si no le conocen y no creen en él es «porque no son ovejas de tu rebaño». «Ser de Jesús» implica conocer a Jesús; y al revés, cuando se «conoce» a Jesús se inicia el camino de la fe en él. Transparencia y claridad.

MEDITATIO Los judíos le piden «signos», Jesús apela a sus obras, que son las de su Padre. El debate permanece en la historia y llega hasta el día de hoy. ¿Por qué creer en Jesús y no en otro? ¿Por qué seguir a Jesús y no a otro? ¿Por qué ser del rebaño de Jesús? Cada vez resulta más «chocante» confesarse en público como cristiano. Hay muchos cristianos, pero «ocultos», relegados de nuevo y voluntariamente a las catacumbas de las sociedades modernas. Jesús no se escondía; hablaba en el Templo (el lugar más importante de Jerusalén) en una de las principales fiestas (la de la Dedicación del Templo). Jesús no tenía nada que ocultar, todo lo contrario, su persona y su mensaje era para todos los que le quisieran oír.

ORATIO Como un Pastor que se cuidad del rebaño, así nos guías y conduces, Señor. Danos ese espíritu de sencillez, de escucha atenta, de cercanía, para poder seguir tus huellas. Que nunca me avergüence de ti ni de tu mensaje.

CONTEMPLATIO. Volvemos nuestra mirada, una vez más, a nuestros «padres en la fe»: padres y madres, catequistas, religiosas, testigos vivos de la fe en Jesús. Ellos nunca ocultaron su fe, sino que la proclamaban públicamente. Damos gracias por su valentía y su claridad.

Pedro Ignacio Fraile


18 abril, 2016

LECTIO DIVINA: ¿POR QUÉ PUERTA ACCEDEMOS A DIOS?



En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»
(Juan 10,1-10)

LECTIO. Jesús se sirve de imágenes sencillas y corrientes en aquel mundo agrícola y mediterráneo donde abundan los rebaños de ganado ovino: el pastor, el redil, la puerta del redil, y por supuesto las ovejas y los corderos. Son paisajes familiares. Además en la Escritura el profeta Ezequiel ya se sirve de imágenes semejantes. Sin embargo no terminan de entender a Jesús y éste necesita hacer una explicación detenida de su comparación. No todos los que merodean el redil llevan buenas intenciones. Los ladrones y malhechores evitan la puerta porque quieren robar o matar: es accesible, está a la vista de todos; no les interesa. Por el contrario, Jesús es buen pastor y es también la puerta de acceso, franca y visible.

MEDITATIO. Las personas que tienen algo que ocultar buscan lo escondido, la noche, los disfraces y los engaños. El que va tranquilo y seguro, no se esconde, sino que habla y actúa sin tapujos, con claridad. Jesús no tiene nada que ocultar, ni de qué esconderse: él es la puerta por la que entramos sin obstáculos ni laberintos al corazón mismo de Dios. Cuando los accesos a Dios son retorcidos, rebuscados y complicados, cuando están escondidos o encriptados, accesibles solo a unos pocos iniciados; cuando hay que ir por la noche protegiéndose en la oscuridad para que no nos vean, debemos recelar. Jesús nos propone una puerta clara, que se ve, luminosa, sin obstáculos para entrar y salir, que es él mismo: Jesús es la puerta.

ORATIO. Si tú eres la puerta de acceso a Dios, ¿por qué, Señor, nos empeñamos en mil caminos inútiles? ¿Por qué seguimos la última propuesta, por extraña y oscura que nos parezca? Ilumina nuestro corazón y da luz a nuestros ojos.


CONTEMPLATIO. Repasamos con ojos críticos todas las propuestas que recibimos para adentrarnos en Dios y en su misterio de amor. Vemos cómo muchas son complicadas, retorcidas, que no dicen la verdad, o que proponen cosas extrañas. Decimos en nuestro corazón: no pueden ser de Jesús. No pueden buscar nuestra libertad por medio de vericuetos para unos pocos e inaccesibles para la mayor parte de la gente buena.

17 abril, 2016

DOMINGO DEL BUEN PASTOR: LA TENTACION DE CORREGIR CUANDO ALGO NO NOS CUADRA


            La tentación de «corregir» la llevamos inscrita en nuestra identidad, en nuestro «ADN», como dicen algunos ahora. No está mal ni es negativo el hecho mismo de «corregir», incluso es una «obra de misericordia», la de «corregir al que yerra». No me refiero a esta «corrección», pues sin duda al que está haciendo daño o propaga el mal de forma escandalosa y evidente, al que se ríe de los pobres y pequeños, al que propaga equívocos y falsedades, hay que «corregirle». También está la «corrección fraterna», que ha dado lugar a cientos y cientos de páginas. ¿Qué es y qué no es este tipo de corrección? A veces puede ser una excusa para hundir a personas débiles que no tienen recursos argumentativos para poder defenderse.
            Me refiero en este caso, domingo del Buen Pastor, a la «corrección» que ejercen algunos que presumen de «espíritus nobles» que se atreven a enmendar la plana a todos, desde una posición de superioridad espiritual o de soberbia. ¿A qué me refiero?
            En el Antiguo Testamento podemos encontrar la figura de Jonás, que se atreve a «corregir» a Dios: «Tú no tienes razón, Dios, porque eres clemente y misericordioso». Los ninivitas no tienen  derecho a que se les predique la conversión y se les perdone. ¡Tienen que morir y que desaparecer! Cuando en la segunda parte del libro, Jonás, a su pesar, predica en Nínive y sus habitantes se convierten, Jonás se vuelve a enfadar con Dios. Hay muchos como Jonás, hoy en día, que se atreverían a decirle a Dios que no puede compadecerse de según quiénes.
            En esta misma línea se mueve el hijo mayor de la parábola del «Hijo pródigo», que se atreve a enfrentarse con su padre porque se ha conmovido ante el hermano menor que regresa a casa. En su soberbia, pide «justicialismo», que se cargue contra él y pague su pena, pero no acepta la misericordia del padre. El hijo mayor se atreve a «corregir» a su padre.
            Es impresionante el episodio de la confesión de Cesarea de Filipo. Cuando, después de que Pedro confiese a Jesús como Mesías, el maestro se pone a explicarles a todos que su camino le lleva a Jerusalén, y que allí le espera el sufrimiento y la muerte… ¡Pedro se atreve a corregir a Jesús! Le dice que nunca sucederá eso, que él no lo permitirá. En esta ocasión vemos cómo Jesús se vuelve a Pedro y le dice unas palabras muy duras, llegando a llamarle «Satanás» porque quiere impedir que se cumpla la voluntad del Padre sobre Jesús.
            Ayer, sábado 16 de abril de 2016, el papa Francisco fue a Lesbos a visitar a los miles de refugiados que están «presos» en ese campo de concentración. No podía hacer mucho, entre otras cosas porque el papa no tiene «poder real». Su presencia era profética, pero no vino con «barcos y pasaportes», porque ni podía ni puede. Tomó la decisión de que seis refugiados se volvieran con él a Roma. Aquí salta la «corrección» de los «buenos». El papa hacía el bien solo a medias, porque los seis refugiados que se traía con él eran «musulmanes», no había pedido que fueran cristianos. Yo entiendo la frustración de muchos, pues los cristianos en esta guerra cruel de Siria ocupan el lugar de los últimos, que además sufren la persecución religiosa por ser cristianos. El papa hizo un gesto profético: son personas necesitadas y perseguidas, y eso es suficiente. Los que siempre corrigen, desde su superioridad espiritual soberbia le corrigen: «se ha equivocado».
            En este domingo del Buen Pastor, cuando vemos a Francisco como «pastor» de la humanidad sufriente solo podemos decir: «bajémonos de nuestras soberbias y no nos atrevamos a juzgar con dureza a nadie». Dios es Buen Pastor, Jesús es Buen Pastor, que seamos unos y otros «buenos pastores».


Pedro Ignacio Fraile Yécora