07 diciembre, 2015

¿MARÍA MODELO O ANTIMODELO DE LAS MUJERES DE HOY?



            Reconozco que entre mis muchas contradicciones tengo que admitir que me encantan las letras, y muchas canciones, de Joaquín Sabina (algunos pueden pensar que «no me pega»). Una de ellas, de hace más de veinte años, describiendo la sociedad madrileña dice que «las niñas ya no quieren ser princesas».
            Hace muchos años también, en el primer gobierno de Felipe González después de la Transición, un lenguaraz y mal encarado Alfonso Guerra profetizaba, con mucha mala idea, que de ingenuo no tenía nada, la frase ya histórica de que «a España no la va a reconocer ni la madre que la parió» (¡dixit!).

Como tercer motivo de introducción a mi reflexión quiero traer a la memoria a uno de mis profesores de teología más «listos», Javier Calvo. En el primer número de la Revista Aragonesa de Teología reflexionaba sobre la mujer en la Iglesia, y decía que la Iglesia había perdido a las mujeres, que ya no era evidente que las mujeres fueran el soporte de las parroquias, y que esta fractura iría en aumento. También lo anunciaba, y así está siendo.
No voy a analizar los porqués. Solo quiero recoger estos tres ejemplos ante el día de la Inmaculada, que celebramos mañana. ¿Dónde quedan esas «Vigilias de la Inmaculada» en muchas ciudades y pueblos de España que convocaban a decenas o incluso centenas de jóvenes, en las que  se proponía sin tapujos a María como «modelo» para los jóvenes cristianos, en especial para las chicas? ¿Dónde quedan ya esas asociaciones piadosas que se denominaban «Hijas de María» que contaban con casi todas las chicas del pueblo o parroquia de la «España católica y que ponían a María Inmaculada como modelo a seguir? Están los «cruzados de María» y las «Milicias de la Inmaculada» que se consagran a la Virgen. Siguen convocándose en algunos santuarios y parroquias las «Novenas a la Inmaculada». ¿Dónde quedan, mucho más lejos, esos «votos a la Purísima» de algunos pueblos de España? María Inmaculada, si no me falla la memoria, es la «Patrona de España». En la tradición católica Española la figura de María ha sido muy importante. El que os habla, con cientos de niños y jóvenes de otros tantos pueblos de mi zona, nos educamos en el «Seminario de la Inmaculada». Nuestro himno cantaba «¡Qué hermosa sois, oh madre Inmaculada…!»
Con Joaquín Sabina que nos dice en los «ochenta» que las niñas están cambiando, con Alfonso Guerra que nos profetiza que no vamos a conocer a España, después de una, dos o tres décadas nos preguntamos ¿de verdad hoy María es modelo para las mujeres de hoy? ¿La mujer española, especialmente las más jóvenes, se ven motivadas por la «pureza de pensamientos y obras», la «limpieza de corazón» o la «apertura incondicional a Dios»? ¿No es un mensaje que hoy no vende? ¿Habrá que cambiar el mensaje? ¿Habrá que presentar a María de otra forma, sin renunciar a hablar de María y de su papel fundamental en el plan de Salvación?
Personalmente sostengo que no son buenos momentos para la fe; ni para los chicos ni para las chicas jóvenes. Entiendo por fe no la del «carbonero» que obedece lo que le dicen y calla, sino la fe «de corazón y de entendimiento» que se sorprende, confía, acoge y camina aun en medio de las dificultades. María es «modelo de discípula» pues ella acogió en su vida de forma única, libre, sencilla, humilde y perfecta la propuesta de Dios. Tenemos que aprender a ser «acogedores de esta fe» como María. Sigue siendo modelo para tantos cristianos, chicos y chicas, hombres y mujeres, que se abren al misterio insondable y cercano, cálido y penetrante, necesario y desbordante que es Dios. Un Dios que no es anónimo, sino que se hace carne en las entrañas de María gracias a su «heme aquí».
Pedro Ignacio Fraile Yécora

7 de Diciembre de 2015

06 diciembre, 2015

LOS BELENES SON CONTRARREVOLUCIONARIOS ¡ACABEMOS CON ELLOS!

            No soy persona de ironías. De hecho no las uso nunca en mis escritos. Dicen que la ironía no se entiende ni en la radio ni en la tele, que es propia de los textos… no sé. ¿Esto es una ironía o una verdad, que los «belenes son contrarrevolucionarios»?

           

Ayer por la tarde fui a la «Feria de Santa Lucía» de Barcelona, delante de la Plaza de la Catedral y observé cómo poco a poco las casetas dedicadas a «Papá Noel» iban ganando terreno a las «antiguas» casetas dedicadas a vender figuras de Navidad, portales, y todos los aderezos y minuciosos detalles que se pudieran imaginar. Me pareció que había menos casetas que otros años dedicadas al mundo de los «belenes» y que había menos gente interesada en ellos. Sin embargo, las dedicadas a los «papanoeles» en bicicleta, que subían y bajaban por escaleras, de todo tipo de tamaños y formas posibles acaparaban la atención de la gente.
            Esto es un detalle sin importancia, pero ahí está. Más preocupante son las noticias en las que se nos advierte de que grupos «extremistas» han lanzado una campaña, no sé si orquestada o no, contra la «navidad cristiana» que va allende nuestras fronteras. Los alcaldes franceses han prohibido que se pusieran belenes en zonas públicas para no molestar a una población musulmana que aumenta, en nombre de los «valores republicanos». En el norte de Italia han intentado, por motivo similar, desterrar los belenes, y el mismo presidente Renzi ha dicho que la navidad pertenece a la tradición italiana (no en vano, los «belenes» se remontan al patrón de Italia, San Francisco de Asís). Aquí en España se repiten los intentos de quitar a la navida

d su carácter religioso; la alcaldesa de Barcelona, con todo el descaro, ha avisado de que quiere cambiar el nombre de «Navidad» (ella sabe que es un nombre cristiano –nacimiento de Jesús- por el de Solsticio de invierno). ¿Lo veremos?
            Si pensamos un poco vemos que esto no es de ahora, sino que tiene muchos años de recorrido. No hay nada más «anticristiano» que el capitalismo salvaje. Para muchos la Navidad se ha reducido a «comprar-vender-regalar», o a «consumir-comer-gastar», pero sin sentido, o casi. Los regalos tenían su sentido en un contexto de «fiestas populares»; la gente expresaba la belleza y la alegría de estos días en detalles, en mesas compartidas, en reuniones familiares, en villancicos… Todo tenía su equilibrio. Para muchos eran días «religiosos»,  pues se celebraba el «nacimiento de Jesús», la gran alegría para el mundo necesitado de un salvador.
            Los grandes gurús internacionales del consumo vieron un motivo de hacer pingües negocios, rebajaron la Navidad de su contenido religioso, y se la cambiaron por el de Christmas (que no sé qué tiene que ver con el «nacimiento» de Jesús). A Jesús lo cambiaron por un señor gordinflón que no dice «nada»; bueno sí, su mensaje es «Ho,ho,ho», y los villancicos los cambiaron por sonidos de campanas chispeantes: ¡la nada con sifón! Parecía que ya estábamos contentos con unas navidades reducidas al consumo, donde los niños de hoy ya no tienen casi referentes religiosos, cuando le quieren dar el «golpe de gracia»: ¡fuera los belenes!
            Para unos hay que quitarlos para no molestar a los «musulmanes», tamaña necedad, pues se supone que tenemos que caminar hacia el respeto mutuo, no hacia la exclusión de los otros. Para otros son «restos de un pasado a superar»; tamaña contradicción, pues ¿no nos empeñamos en recuperar nuestras tradiciones, y esta tradición se remonta al siglo XIII con san Francisco de Asís? Para otros es molesto porque es cristiano; pues mire usted, las Navidades, le guste o no, son fiestas cristianas. Los que prohíben aún no se han enterado de que es el mejor aliciente para hacer precisamente lo prohibido. Pues lo dicho, ¡pongamos un buen y hermoso Belén en casa!

Pedro Ignacio Fraile

6 de Diciembre de 2015