04 noviembre, 2017

SEGUIR A JESÚS O SEGUIR MIS CRITERIOS

El don de la vocación. La vocación forma parte esencial de la experiencia bíblica, y por tanto, cristiana. Dios llama (a Abrahán, a Moisés, a Samuel, a Jeremías) y el llamado se ve en la obligación de escuchar o de rechazar. La iniciativa siempre es de Dios. No se trata de una elección fruto de la voluntad humana, sino de una escucha atenta y obediente a la voz de otro. Por eso hablamos de «don» y no de «conquista».
                La certeza de la vocación. La experiencia religiosa de la vocación cuenta con dificultades. No es evidente. Una de estas dificultades es discernir si la persona llamada escucha sus deseos, sus proyectos, o si escucha la voluntad de Dios en su vida. De ahí que la Escritura insista en que las personas llamadas se resisten. Pero también la experiencia de la vocación aparece unida a la certeza: no es fruto de una imaginación, sino una llamada veraz y directa de Dios que pide una respuesta.
                Una vocación universal. Desde un punto de vista bíblico, la vocación se dirige a hombres y a mujeres; a casados como Moisés, a niños como Samuel, y a profetas célibes como Jeremías. A cada uno le pide algo distinto: a Moisés que saque el pueblo de la esclavitud de Egipto; a Samuel que escuche su voz sin miedo a lo que le vaya a pedir; a Jeremías le encomienda una ardua tarea que incluye sembrar y arrancar; construir y derribar. En todos los casos no cumplen la voluntad propia, sino la misión que les encomienda Dios. En todos los casos afecta al misterio del ser humano.
                Jesús nos llama a seguirle. En los evangelios asistimos a una novedad crucial. Jesús llama a sus discípulos a seguirle; como hace Dios en el Antiguo Testamento. Jesús anuncia el Reino de Dios, pero a la vez les pide que le sigan a él. La razón es obvia: Jesús encarna con su mensaje y con su vida el Reino.
                La vocación de los discípulos se repite en los evangelios: llama a Pedro y a su hermano Andrés; llama a Santiago y a Juan. Llama a Mateo y le pide que deje su mesa de recaudador. No podemos entender el evangelio sin pararnos en este comportamiento contrastado de Jesús «que llama»; no es solo una clave de interpretación teológica, sino un comportamiento que nos afecta y condiciona a todos. Jesús me llama a mí y a ti. Jesús nos llama para que le sigamos a él, desde nuestra vida ordinaria, en el quehacer cotidiano. La vocación al seguimiento se actualiza en cada generación y en cada persona.
                Seguimos a Jesús, no a nuestros criterios. El evangelio recoge las resistencias propias de toda vocación: miedo al futuro, inseguridad ante los retos y debilidad humana, comodidad comprensible. Pedro añade otra dificultad: la ideológica. Pedro está convencido de que Jesús es el Mesías, pero un Mesías triunfador. Pedro se siente con la obligación de corregir al mismo Jesús. En una escena sorprendente, Jesús le llega a llamar «Satanás»: entorpecedor, obstáculo, impedimento para su misión.
                Jesús le habla muy claro: «el que quiera seguirme». ¿Yo estoy dispuesto a seguir a Jesús?; «que cargue con su cruz y me siga». No podemos poner primero mis expectativas y criterios, y luego negociar el seguimiento. Esa «condición ideológica» es la que puso Pedro a Jesús. Estamos sobre aviso. Tenemos que dar una respuesta.
               
Pedro Ignacio Fraile

https://pedrofraile.blogspot.com/

03 noviembre, 2017

SABER ESPERAR

Tiempos recios. Nos tocan vivir «tiempos recios». Esta frase, como sabe muy bien el lector, no me la puedo apropiar; es de Santa Teresa de Jesús. Lo que sí podemos decir es que en la historia siempre ha habido «tiempos recios»; cada sociedad y cada época ha tenido los suyos. ¿Acaso son más «recios» estos tiempos que los de las distintas persecuciones religiosas donde se mataba a causa de la fe? ¿Acaso son más recios estos tiempos que los de las Revoluciones francesas o mexicanas, abiertamente antirreligiosas? ¿Acaso son más recios estos tiempos que los que llevaron a la Iglesia de nuevo a las catacumbas en todo el mundo del bloque comunista? Ahora tocan otros tiempos; para algunos más duros, pues tras la «tolerancia» se esconde la «indiferencia»: “el mayor desprecio es no hacer aprecio, dice el refrán español”. Para otros son tiempos de confrontación, de poner en duda y en valor las distintas formas de expresión religiosa. 


Tiempos de espiritualidad. Lo que sí podemos afirmar es que estamos viviendo por todas partes un «renacimiento de la espiritualidad». No decimos renacimiento del «discipulado de Jesucristo» o de «espiritualidad confesante». Son cosas distintas. Algunos buscan espiritualidad fuera de las tradiciones religiosas, principalmente el cristianismo. Muchas formas de relajación, de meditación, de silenciamiento interior solo quieren eso, «paz interior» que no esté unida a ninguna profesión de fe. El debate hace tiempo que está abierto. ¿Cómo vivimos los discípulos de Jesús, los que vivimos la fe en la Iglesia, estas nuevas formas de espiritualidad no confesante?

La espiritualidad necesita tiempo, y sobre todo lentitud. En una de las muchas obras que retoman este tema, el autor después de criticar la aceleración en la que vivimos, hablaba precisamente de esto: la verdadera espiritualidad necesita tiempo y sobre todo lentitud. Precisamente porque la verdadera espiritualidad tiene que ver con las relaciones interpersonales, hay que dedicarle tiempo, como se dedica a los amigos. Las relaciones con las personas son de largo alcance; hay que invertir horas, espacios, escuchas, serenamientos, novedades, conflictos, diálogos. Lo mismo en las relaciones espirituales.

La paciencia y la espera como aprendizaje. Hay que tender puentes, sin renunciar a lo esencial; para nosotros la fe en Jesús como Señor. Uno de esos puentes que podemos tender lo encontramos en el evangelio: aprender a esperar, cultivar la espera. Dios con frecuencia se hace esperar; no porque juegue con nosotros, sino porque el tiempo es pedagógico. Dios no necesita dilatar el tiempo de su amor, pero nosotros sí que necesitamos percibir este amor, de forma lenta, paulatina, progresiva. Dios no tensa la paciencia para forzar nuestras decisiones, pero sí nos enseña a madurar, a sopesar, a leer nuestra vida con perspectiva. Sabemos que el encuentro con Dios es seguro; pero no sabemos cuándo. No podemos apresurarnos, provocar fracasos por nuestra impaciencia; forzar las situaciones. Nuestra espera debe ser atenta, vigilante.

El tiempo en la historia de la salvación. El sentido del tiempo en las tradiciones y filosofías religiosas es muy distinto de unas a otras. Las propuestas religiosas de carácter cósmico proponen un tiempo circular, cíclico, de eterno retorno. La Palabra de Dios nos propone un tiempo pedagógico, de esperanza, de futuro. Un tiempo donde las promesas y la confianza son fundamentales. Un tiempo donde la paciencia no es solo una virtud humana, sino la forma de esperar la presencia siempre novedosa y siempre sorprendente de Dios. Un tiempo salvífico.

Pedro Ignacio Fraile


31 octubre, 2017

¡BENDITO SEA HALLOWEEN!... PORQUE NOS ESPABILA”

No. No me he ido de cabeza. Sé lo que digo, y además de argumentarlo lo defiendo. ¡Bendita sea la fiesta horrible de Halloween porque nos está “despabilando” a los adormilados, arrellanados en nuestra zona de comodidad, atontados por el sopor de una fe sedante y sedada, cansada, sin chispa, sin gracia.

No es la primera vez que sucede, ni será la última. Muchas veces las personas reaccionamos “cuando se nos comen el pan”, o “cuando nos tocan lo más sagrado”, o cuando “vemos que se nos está yendo de las manos”. Algo así pasa con la fiesta de Halloween que está desplazando, o al menos le lleva mucha ventaja en los últimos años, a la de “Todos los Santos”. La primera viene con la frescura de los niños que empujan; con el atractivo de la fiesta: una buena excusa para salir de casa y darle alegría al cuerpo. Tiene la fuerza arrolladora de lo nuevo (al menos en la cultura tradicional católica de España). Por el contrario, la fiesta de Todos los Santos es “arcaica”, “casposa”, “católica”, “tradicional”, “está superada”… pueden decir sus detractores. Pero nosotros, qué decimos o qué podemos decir. Por lo pronto podemos decir que Halloween es una fiesta que no tiene nada que ver con la fe cristiana, y que además cultiva una visión sobre el ser humano contraria al cristianismo. Argumentos, que siempre son necesarios.


  1. Belleza contra fealdad. La fiesta de Halloween exalta la fealdad, la corrupción, lo negro, la sangre… El ser humano es materia putrefacta. Por el contrario, la fe cristiana nos recuerda nuestra belleza inscrita en el corazón de todo ser humano: hemos sido creados por amor, a imagen y semejanza de Dios. Somos “bellos”, aunque el pecado se haga presente en nuestra vida; pero el pecado no anula ni destruye esta belleza.
  2. Esperanza contra desesperanza. La fiesta de Halloween es la fiesta de la muerte. Los muertos reviven, pero son muertos. El destino del hombre, dice, es la muerte y el olvido. La fe cristiana en su fiesta de Todos los Santos nos habla de Vida eterna, de Resurrección, de esperanza. No una esperanza como ilusión que nace de la carencia humana, sino una esperanza que nos ha ganado Cristo por su Resurrección.
  3. Providencia contra destino. La fiesta de Halloween habla de brujas, de fantasmas, de muertos que deben expiar culpas no perdonadas. Es la consecuencia de un destino cruel del que no te puedes separar. La fe cristiana habla de un Dios providente, que nos acompaña con amor; que nos da libertad, que sufre en nuestras decisiones equivocadas y que nos espera con ternura.
  4. Santidad contra demonización. La fiesta de Halloween va acompañada de diablos y demonios que nos recuerdan un futuro de ‘fuego’, de ‘condena’. La fiesta de Todos los Santos nos habla de Salvación, en Dios, por Jesucristo. Dios es el Santo, y nosotros estamos llamados a participar de esta santidad. No estamos llamados a la condenación.
  5. Alegría contra miedo. La fiesta de Halloween ensalza el miedo, el susto, la angustia, el desasosiego, el pavor y temblor. La fiesta de Todos los Santos ensalza la alegría cristiana que nace de la esperanza que tenemos en Cristo. Un cristiano triste es un triste cristiano.
Queridos amigos lectores, Halloween ha venido para quedarse; pero ha venido también, sin que lo sepa y sin que quiera, para ‘espabilarnos’ a los adormecidos y bien servidos cristianos, que parece que no sabemos ni en qué creemos ni en qué esperamos.
Feliz día…. ¡de Todos los santos!
Pedro Ignacio Fraile Yécora
31 de Octubre de 2017, Víspera de la Solemnidad de Todos los Santos