24 enero, 2015

SEGUIMOS LEYENDO LA PALABRA DE DIOS PARA DEJARNOS TRANSFORMAR POR ELLA



La revista 'Imágenes de la fe' me pidió una colaboración sobre la Palabra de Dios. 










Con gusto la hice, y esta última semana de Enero de 2015 ya está en las librerías religiosas.

Solo os puedo presentar la portada, por si os interesa y os animáis a comprarla.


Pedro Ignacio Fraile Yécora

http://pedrofraile.blogspot.com.es/

23 enero, 2015

LA NOTICIA QUE NO LO ES, Y LA QUE SE ESPERA QUE NO LLEGA. (Sobre la antigüedad del manuscrito de Marcos)

            
            Acaba de saltar a la prensa una noticia de carácter bíblico arqueológico. Han descubierto en Egipto, cuando estudiaban la carcasa externa que envolvía y componía la cara de una momia, unos papiros que podrían ser el documento más antiguo del evangelio de Marcos.
            Bien. No hay problemas. El descubrimiento, siendo cierto, no ha causado ni conmoción mediática ni académica. No ha causado conmoción mediática, evidentemente, porque se trataría (en caso de que se confirme por los técnicos), de un «evangelio canónico», o sea «oficial». Los «medios» se ponen contentos cuando lo que aparece es un documento apócrifo y durante unos días, o incluso meses, lanzan toda su artillería pesada contra los textos oficiales de las iglesias cristianas. Este no es el caso.
            Lo únicos que se han puesto muy contentos, son, curiosamente, los «fundamentalistas» cristianos, sean de la confesión cristiana que sean, que en esto todos coinciden: «¡es el texto más antiguo editado de Marcos! ¡Podemos acercarnos aún más al testimonio escrito de los evangelistas!». Y concluyen: «¡no tienen razón los que insisten en el papel de la comunidad a la hora de redactar los textos!». En el fondo dicen: «preferimos un solo redactor, que tomase casi al pie de la letra, o al menos pusiese por escrito los recuerdos de las palabras de Jesús, estando él presente, a que haya un trabajo de una comunidad que recuerda, escribe y pasa por el tamiz de la vida las palabras y gestos de Jesús». Es un problema más de «verificar» los «ipsissima verba Iesu» (las mísmísimas palabras de Jesús) que un problema de acoger y escuchar en la fe los textos canónicos de la Iglesia.
            Este, siendo importante, no es el «descubrimiento» esperado por los científicos. Este sería, en todo caso, el descubrimiento del «documento Q». Explico brevemente para los lectores.
            Los evangelios de Mateo y Lucas (no es el caso del evangelio de Juan), coinciden en buena parte de su evangelio, siendo que fueron escritos en momentos distintos, por personas distintas, y que con mucha probabilidad no se conocieron entre ellos. Esto es así.
1) En primer lugar, ambos coinciden con buena parte del evangelio de MARCOS. Hoy se admite como algo cierto que Marcos fue el primero en escribir, el que hizo «el guión» (hablando en términos que entendamos todos), y tanto Mateo como Lucas se sirvieron de este guión, con matices propios y con textos propios de cada uno, para escribir sus evangelios. Es un problema tan antiguo como los mismos evangelios; se conoce como «el problema sinóptico», porque afecta a tres evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) que se pueden leer «de un solo golpe de vista» (en griego sinopsis).
            2) Tanto Mateo como Lucas siguen a Marcos también en el contenido fundamental, pero luego tienen TEXTOS QUE COMPARTEN, que no están en Marcos: por ejemplo el «Padrenuestro», las «Bienaventuranzas» etc.
3) Por fin tanto Mateo como Lucas tienen TEXTOS PROPIOS, de cada uno de ellos por separado: la parábola del «Hijo pródigo» o del «Buen samaritano» solo las encontramos en Lucas. Por el contrario, la parábola del «Juicio final» es propia de Mateo (para indicar solo las más conocidas).
            Resumiendo, hablamos de «tres partes». Pues bien,  si una parte del evangelio de Mateo y Lucas se explica porque sigue a Marcos, y otra parte del evangelio se explica porque ellos aportan «textos propios» de cada uno, ¿cómo se explica esa «tercera parte», muy importante, LOS TEXTOS QUE COMPARTEN, que no es ni de Marcos ni de fuentes propias?
            La mayoría de los estudiosos hablan de una fuente, la «fuente Q», inicial de una palabra alemana que significa «fuente» (quelle), por lo que la traducción del título es en sí mismo una redundancia.  Esta fuente Q proporcionaría este material que tanto Mateo como Lucas usan en su evangelio y en el que solo los dos coinciden. Esta hipótesis tiene a su favor que solucionaría la mayor parte de los problemas que se plantean cuando se comparan los tres textos evangélicos sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Pero, tiene un grandísimo problema: no tenemos ninguna constancia arqueológica que testimonie su existencia. Nadie ha encontrado nunca un minúsculo papiro o fragmento de papiro que diga: esta es la «fuente Q». Ese es su punto más débil.
            ¿Se podría encontrar? ¿Es razonable pensar que exista? Sí. La «fuente Q» no sería propiamente un «evangelio» bien redactado, bien compuesto, bien compensado, como los que tenemos. Sería una especie de «colección» de «dichos de Jesús», sin redactar. ¿Es posible? Sí, porque tenemos algo parecido, original,  y por tanto equiparable: el llamado «Evangelio de Tomás» conocido y aceptado por la crítica académica universal, si bien es un texto apócrifo de carácter gnóstico.
Si tenemos en nuestras manos, se puede leer (por supuesto que está editado en castellano), un libro de «dichos de Jesús», ¿por qué no pensar que también hubo de verdad, no es una quimera, una «colección editada de dichos» distinto a este, del que pudieron beber tanto Lucas como Mateo? La hipótesis no solo es plausible, sino que se ha reconstruido este posible «documento Q» de forma científica. También se puede conseguir en castellano.
            Dicho esto me pregunto, ¿cuál es la verdadera noticia que conmovería los estudios de los evangelios? La aparición, aunque fuera minúscula y fragmentaria, de esta fuente Q tan deseada por los investigadores.

Pedro Ignacio Fraile Yécora
23 de Enero de 2015
http://pedrofraile.blogspot.com.es/



22 enero, 2015

'CANAÁN EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN'





Acabo de recibir la revista 'Reseña Bíblica' donde colaboro con un artículo con el título

'Los cananeos en la historia de la salvación'










El pueblo de Israel se asentó en una tierra poblada por 'cananeos'.

Según la Biblia, Dios mismo se la había prometido a sus padres. 
La llaman la 'Tierra prometida'. 

Con estos mimbres hay que hacer un cesto. A partir de ahí... a leer, estudiar, discurrir, sacar consecuencias...


La revista 'Reseña Bíblica', de la Asociación Bíblica Española (ABE), merece mucho la pena...
Os recomiendo que la compréis y la disfrutéis


20 enero, 2015

UNA VIÑETA PROFETICA

UNA VIÑETA DE PAZ, 
QUE NO ES 
UN CHISTE 'IRREVERENTE'  (VOLTERIANO)
NI  'SATIRICO' (HIRIENTE)
COMO PRESUMEN 
LOS EDITORES DEL CHARLIE
Y CANTAN SUS COROS.

Charlie Hebdo se ríe del Islam 
y los yihadistas de Nigeria 
arrasan y matan a los cristianos. 
¿Y tú qué piensas? 

Como bien dicen 
los niños africanos del dibujo... 
'nosotros, por no tener, 
no tenemos ni lápices...'


'El que tenga oídos, que oiga'.

19 enero, 2015

«YO SOY CHARLIE», LAS CONTRADICCIONES DE LA CULTURA LAICA



            Hace ahora poco más de una semana que, tras los atentados de París, todo el mundo occidental (o muchos al menos) salieron a la calle a decir «Yo soy Charlie» (Je suis Charlie), en solidaridad con los asesinados en el ignominioso y execrable atentado; también en apoyo a la «libertad de expresión» (al menos tal como ellos la entienden). Otros, los menos, se apresuraron a decir «Yo no soy Charlie», entre el desconcierto generalizado, por no ponerse del lado de los humoristas franceses.  
            No he podido evitar recordar que solo hace unos meses se hizo una campaña igual, esta vez en apoyo a los cristianos de Irak que eran asesinados salvajemente (crucificados y decapitados) después de que les identificaban como «Nazarenos», esto es, «cristianos». Entonces saltó a los medios de comunicación como símbolo la «N» en árabe. Muchos la asumimos y la poníamos diciendo que «Yo también soy nazareno». Esa campaña, hoy olvidada, pasó sin pena ni gloria entre los medios burgueses de comunicación.
            Acabo de ver hace unos minutos que se ha lanzado otra campaña diciendo «Yo soy Nigeriano», en solidaridad con los cristianos de Nigeria asesinados un día y otro por los yihadistas. Es terrible: los  burgueses laicistas franceses, descreídos y volterianos (lo dijeron ellos mismos) se ríen del Islam, y los yihadistas en respuesta matan a los pobres cristianos de Nigeria. ¿Lo entiende alguien? Yo no.
            Otras variantes, no religiosas, de este «yo soy» las vemos por doquier. Entre los parisinos, algunos apoyaban a los muertos hebreos y decían «yo soy judío». Menos solemne, pero también significativo: el canto que apoya a la selección española (con segundas y terceras lecturas obvias) es: «yo soy español, español, español»…. 
            ¿Qué podemos decir del «yo soy»? A nada que uno tenga un poco de cultura bíblica, recordará cómo Moisés, huido de Egipto, no conoce al Dios de Israel; había sido criado en la corte del faraón. Dios se le presenta diciéndole «YO SOY el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob» (Éx 3,6). Evidentemente no es una propuesta metafísica, sino un recordatorio de identidad «yo soy el mismo Dios que ha acompañado a tu pueblo en la historia». En el mismo capítulo, cuando Dios se empeña en enviar a Moisés a Egipto y este se resiste, preguntándole quién eres tú, él dice: «YO SOY» (Éx 3,14). Sigue siendo un texto difícil de interpretar; ¿qué quiere decir Dios con este título? Unos proponen una lectura metafísica: «Yo soy el que es, la esencia». Otros una lectura de presencia: «Yo soy el que ‘estoy’ (con mi pueblo). Otros una lectura existencialista: «Yo soy el que existe». Otros dicen simplemente que Dios no dice su nombre para que nadie lo domeñe, lo use, lo manipule: Dios es Dios y eso basta.
            Siguiendo con los textos bíblicos, es sabido que San Juan retoma esta afirmación del «Yo soy» para revelar a Jesús. En su evangelio podemos leer: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6); «Yo soy el buen pastor» (Jn 10,11.14), «Yo soy el pan de vida» (Jn 6,35.48); «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12); «Yo soy la vid» (Jn 15,1.5).
            Dicho de otra forma, el «yo soy» tiene un trasfondo bíblico innegable, que no tiene que ver con la filosofía griega, sino con la revelación de Dios. San Juan llega a decir, en un texto que pertenece desde entonces a toda la humanidad con inteligencia sensible, «Dios es amor» (1Jn 4,8).
            En el mundo de la cultura griega el «yo soy» tiene una dimensión distinta a la bíblica. Nos movemos en el campo del «ser», de la «esencia». Primero, de la identidad: «yo soy blanco y no negro». También en el campo de la pertenencia: «yo soy católico y no soy musulmán». Aceptamos también una pertenencia simbólica, en el campo de la solidaridad: «yo soy irakí o nigeriano», aunque no lo sea, pero me identifico con su causa.
            Los filósofos que estudian el complejo mundo actual, suelen decir que el síntoma de la modernidad es el «nadismo» (técnicamente, «nihilismo»): No merece la pena «creer en nada»; después de la vida «no hay nada»; yo, personalmente, «no creo en nada»; «nada» merece la pena en este mundo… Eso oímos que muchos dicen y repiten.
Pues bien, lo contrario a la «nada» es el «ser». Los burgueses laicistas franceses, herederos de Voltaire y reivindicadores de Nietzsche, profeta del «nihilismo», acaban de descubrir que no quieren la «nada», sino el «ser». Ellos han proclamado «je suis Charlie»; o sea, necesitan saber quiénes son, con quién están, con quién se identifican. Por el contrario, los que no se identifican ni están con los hirientes viñetistas del semanario francés se han desmarcado con rapidez diciendo , «¡no, no, yo no soy Charlie». Ya lo dijo Shakespeare, «Ser o no ser, he ahí la cuestión». Ser algo o no ser nada, diríamos nosotros.
Es importante saber quién es cada uno, y con quién está. Las identidades son muy importantes. Yo, personalmente, digo que «soy nazareno de Irak», que «yo soy cristiano de Nigeria», y recordando el antiguo catecismo que comenzaba preguntando «¿eres cristiano?», yo respondo «soy cristiano, por la gracia de Dios».

Pedro Ignacio Fraile Yécora
19 de Enero de 2015
http://pedrofraile.blogspot.com.es/