22 marzo, 2014

DIOS TIENE COLORES (Ecuador de la Cuaresma 2014)




A veces los cristianos somos personas
con cara triste,
que vestimos 
con ropas oscuras
y celebramos la fe en iglesias grises.






A veces los cristianos
sacamos ‘ideas negras’:
pesimistas, culpabilizadoras,
negativas, feas.

¡Luego nos quejamos
de que no nos quieren!






¿Qué tal si hiciéramos
de la Cuaresma
una fiesta de encuentro
con Dios y con los hermanos?





¿Qué tal si el ayuno fuera
dar de comer a los pobres,
y la limosna decir en voz alta
que nuestra riqueza es Dios-Amor,
y la oración un lujo
que nos podemos permitir?

Dios no es aburrido, ni oscuro,
ni oscurantista, ni gruñón.

Dios tiene colores, vivos,
sorprendentes, en movimiento.







A Dios no le gustan
los que pintan el mundo
de negros y oscuros nubarrones.




Pedro Ignacio Fraile
En mitad de la Cuaresma del 2014
http://pedrofraile.blogspot.com.es/



21 marzo, 2014

LOS BUENOS DESEOS QUE TODOS TENEMOS, COMO LA SAMARITANA


Maite López, cantautora pamplonica de hermosa voz y letras pasadas una y otra vez por el corazón y la oración, tiene un disco que se titula «deseos».  Me encanta porque tiene una visión positiva de los deseos, siempre tan mal considerados tanto por los moralistas no evangélicos como por las espiritualidades no humanas.  Hay deseos que son buenos (también los hay malos); hay deseos que nos humanizan (otros nos separan de nuestra humanidad); hay deseos que nos liberan de un mundo invivible (otros, es verdad, nos atenazan a él). Dejemos que Maite, que por cierto es amiga y esposa de amigo, hable por ella misma. En la presentación de su trabajo Maite dice:

«Los mejores deseos son los que, antes aún de hacerse realidad, hacen brotar la vida. Los que se saborean, precisamente como la vida, incluso, antes de nacer. Esos deseos, propios y ajenos, son los que necesitamos encontrar y por los que vale la pena luchar. Muchos de ellos proceden de Dios. Es él quien los pone dentro de nosotros para que seamos felices y para que hagamos más felices a quienes nos rodean. Dios no es fruto de nuestros deseos, ni se identifica con ellos, pero sí los utiliza para comunicarse con nosotros y, a menudo, los hace suyos (o quizás lo eran primero), para dar plenitud a nuestra vida».


La canción que da título al disco lleva también este nombre, «deseos», y tiene una letra cuidada y sugerente:

«Deseos de sanar las heridas de quien sufre.
Deseos de abrazar y de derrochar ternura.
Amar hasta el límite, hasta el extremo.
Caminar codo a codo con todos vosotros.

BIENVENIDOS SEÁIS, DESEOS MÍOS,
            QUEDAOS CONMIGO, ACOMPAÑAD MI CAMINO,
            RECORDADME QUE ESTOY VIVA,
            QUE NO ESTOY SOLA, QUE ALGUIEN OS PUSO EN MÍ,

Deseos de gritar la verdad y que la escuchen.
Deseos de acabar de una vez con la injusticia.
Vivir sin defensas, con manos abiertas,
Salir de mi mundo y entrar en el tuyo.

Deseos de romper las cadenas de la muerte.
Deseos de reconciliación, de paz auténtica.
Mirar cara a cara las dificultades.
Buscar lo que más nos acerque a la meta.

Deseos de amar y ser amada, enteramente.
Deseos de compartir la vida, de entregarme.
Creer en la fuerza que llevamos dentro;
Beber de la fuente de todo deseo».

Este último verso, no sé si Maite estaba pensando lo mismo, nos lleva de la mano al evangelio del próximo domingo de Cuaresma, el de la Samaritana: «beber de la fuente de todo deseo». Los deseos tienen que ver con el alimento que sacia y con la bebida que reconforta. Los deseos piden respuesta; de lo contrario, un deseo insatisfecho puede ser fuente de frustración y de amargura.
Muchos de los deseos, nos dice Maite, proceden de Dios. En la letra de la canción los explicita: deseo de amar, deseo de gritar la verdad, de acabar con la injusticia, de romper las cadenas de la muerte…
El próximo domingo, el tercero de esta cuaresma, escucharemos el evangelio de esa mujer que estaba lleno de deseos, muy hondos, permanentes. Unos deseos que estaban insatisfechos.
Jesús se sirve de una situación humana, la de tener sed física, real, porque venía de lejos, de un largo camino y necesitaba beber. La mujer iba también a buscar agua para su casa. Jesús se pone a hablar con ella y le pregunta por lo que vive, por lo que le preocupa, por lo que lleva en su corazón; satisfacciones e insatisfacciones; cumplimientos y frustraciones.
Jesús le va sacando del fondo de su corazón todo lo que lleva dentro hasta que le descubre su profundo vacío: cree que está saciada, y está vacía. Cree que lleva una vida normal, y su vida no tiene nada que ofrecer. Busca agua porque ella misma está seca.
¿Qué nos dice este evangelio? Como la samaritana, también hoy hay muchas personas que están secas, resecas y cuarteadas en su interior por falta de frescura. Van a por agua a las fuentes, y como no solucionan el verdadero problema, tienen que volver otra vez o, si pueden, van emigrando de fuente en fuente, buscando qué agua es la mejor.
Jesús se propone como el «agua viva» que sacia, de forma que nunca más tengamos que ir mendigando un vaso de agua que nos refresque y reconforte.
¿Qué es evangelizar? ¿Cómo acercarse a muchas personas que están a años luz del evangelio? Un buen camino puede ser este (¡camino que apunta san Juan en su evangelio!): el camino de los deseos. ¿Cuáles son mis deseos?, ¿cómo busco satisfacerlos?, ¿cuáles son mis frustraciones?  
Jesús no busca amargarte la vida, sino que busques en tu interior, bucees en lo que llevas dentro de ti, y descubras cómo él puede saciar tanta necesidad de humanidad, de espiritualidad, de hondura. ¡Felices deseos a todos!

Pedro Ignacio Fraile Yécora
Tercer domingo de Cuaresma –La Samaritana-
http://pedrofraile.blogspot.com.es/


20 marzo, 2014

HOMENAJE AL POETA PEREGRINO


Antonio Machado es un 'poeta peregrino'. Sevillano de nacimiento; soriano de adopción; baezano en la segunda etapa de su vida; muerto en el exilio francés, tras la terrible guerra civil.

Siempre me ha llamado la atención dos cosas de él. Primero que hace una poesía muy fácil, nada rebuscada ni alambicada; usa palabras comunes, de la calle, y les saca toda su belleza en un ritmo sencillo, de andar por casa.




La segunda cosa que me encanta de él es que no es 'cursi'; defecto muy frecuente en los que juegan a ser poetas.



Hoy, en el día en que 'oficialmente' comienza la primaveral recogemos una de sus poesías. No es la mejor para mí, pero es una pequeña obra maestra de Antonio Machado, el "católico-republicano-andaluz y soriano".


LA PRIMAVERA HA VENIDO

"La primavera ha venido.
Nadie sabe cómo ha sido.
La primavera ha venido.
¡Aleluyas blancas
de los zarzales floridos!"

"Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma, revueltos. Primavera
puso en el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera
Los caminos del valle van al río
y allí, junto al agua, amor espera"

"Tejidos sois de primavera,amantes,
de tierra y agua y viento y sol tejidos.
La sierra en vuestros ojos los campos florecidos,
pasead vuestra mutua primavera,
y aún bebed sin temor la dulce leche
que os brida hoy la lúbrica pantera,
antes que, torva, en el camino aceche."

"Tú y yo, silenciosamente,
trabajamos , compañera,
en esta noche de marzo,
hilo a hilo, letra a letra
¡con cuánto amor! mientras duerme
el campo de primavera"

"La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil..."

Primavera , en la obra de Antonio Machado

Pedro Ignacio Fraile Yécora
Sant Cugat del Vallés
-20 de Marzo de 2014-
http://pedrofraile.blogspot.com.es/ 

19 marzo, 2014

LOS DESEOS, EL SENTIDO Y LOS LÍMITES DE NUESTRO CORAZÓN. Tres catequesis de san Juan para 'nosotros-hoy'


(Guardado en la página 'Año litúrgico: Cuaresma 2014)
        
    Es curioso ver cómo muchas veces los cristianos buscamos luz en textos filosóficos, en documentales científicos o en «dimes y diretes» pseudoespirituales para responder a las grandes preguntas que antes o después nos hacemos. ¡Pero nunca, o casi nunca, buscamos la luz del evangelio! El evangelio se queda, en muchas ocasiones, como un «cuaderno de campo» curioso y ameno para seguir las andanzas de Jesús o, en otras ocasiones, como una «libreta de vida moral» (lo que llamamos el «espíritu evangélico»); pero no lo leemos como «fuente» de luz y de sentido para nosotros hoy.
            El ser humano tiene tres polos que ha de trabajar antes o después en su vida. Uno es el de los deseos, otro el del sentido y por último el de sus límites.
            Los deseos los llevamos dentro, como el ADN. Deseos positivos y buenos, como el de amar y ser amados; o como el de ser feliz y vivir felices con otros. El budismo, curiosamente, trabaja mucho el mundo de los deseos, como fuente de insatisfacción: apaciguar los deseos o dominarlos para evitar los sufrimientos. Pero ¿hay que controlarlos o dejar que cumplan su papel en la vida, como energía que  nos mueve?
            En otro nivel distinto, pero igualmente importante, el ser humano necesita dar sentido a lo que es, a lo que hace, a lo que vive. Cuando uno encuentra sentido a su quehacer, su vida es más llevadera, incluso más motivada; cuando uno no encuentra sentido a nada de lo que hace… puede aparecer incluso la sombra amenazante de la autodestrucción.
            Por último está el conocimiento de los propios límites. Somos «limitados» en las energías (nos cansamos, nos debilitamos, envejecemos…) y en los años de vida: no son los que querríamos, sino que son los que son.
            ¿El evangelio habla de esto? Sí, si bien no usa estos términos. San Juan presenta en su evangelio grandes catequesis que van al corazón del ser humano. A lo que le importa. Las tres las vamos a leer en estos domingos de Cuaresma que faltan hasta llegar al Domingo de Ramos. Primero, la catequesis de la Samaritana; luego la catequesis del ciego de nacimiento; por último, la catequesis de la resucitación de Lázaro.
            La catequesis de la Samaritana nos habla de deseos, de ‘tener sed’; nos habla de saciar esos deseos, del ‘agua’. Nos dirá que hay ‘aguas que no sacian’, que aumentan los deseos y la frustración; nos dirá también que hay un ‘agua’ que ‘calma, que sacia, y que frustra’, la que nos da Jesús.
            La catequesis del ciego de nacimiento nos habla de «ver» y «no ver»; de extrañas culpabilidades por «no ver». Del deseo de «ver» con claridad. Queremos «ver» el «sentido» de la vida, de nuestras opciones y decisiones, de situar las cosas en su sitio con una jerarquía de opciones y valores.
            Por último, la catequesis de la «resucitación» de Lázaro nos habla de los límites de esta vida: enfermedad y muerte; ausencia y dolor; llanto y angustia. Pero nos habla también de que Jesús es la «Resurrección y la Vida» (ambas con mayúsculas, a idea).

La primera catequesis: la samaritana.
           
Una de las necesidades fundamentales del ser humano, junto con el alimento, es «saciar la sed». El «agua» tiene también el valor universal de satisfacer plenamente esta necesidad.
San Juan pone a Jesús en la tesitura de tener sed. Llega a un pozo, pero no a cualquiera sino a uno que tiene tradición histórica en Israel: es el «pozo de Jacob», el padre del pueblo, de Israel. Tiene una tradición simbólica, porque es el «pozo de los patriarcas», de los «antepasados». De esta forma une a Jesús con la historia del pueblo de Israel. Jesús no es un «francotirador» que va por libre.
Sin embargo Jesús no puede acceder al agua. Jesús tiene necesidad de que alguien le ayude. Esta imagen de Jesús que necesita ayuda es muy humana y a la vez muy simbólica.
Juan incorpora una mujer a la narración (elemento perturbador en aquella sociedad). Pero además no es cualquier mujer (judía, galilea o incluso pagana), sino ¡una «samaritana»! San Juan incide así en su condición de «sospecha», de «prevención» para los oyentes. Los judíos y los samaritanos se profesan odio ancestral por causas y agravios históricos que ahora no es el lugar para explicar.
Jesús no sólo rompe el hielo con la mujer, sino que inicia toda una catequesis en torno a la necesidad del agua, al agua que sacia y que no sacia, a las dificultades para acceder a ella. Como si se tratase de un pedagogo, Jesús la va conduciendo desde la necesidad de agua, hasta el «agua viva» que ella desconoce. En el momento  álgido, Jesús se revela a sí mismo, y hace que la mujer  la pida explícitamente: «dame de esa agua». ¡Dame de beber! ¡Tengo sed!
La samaritana puede ser cualquier persona que tiene en el fondo de su corazón una sed desconocida, son «deseos»  sin límites precisos, pero que busca saciar. No sabe bien ni en qué consisten ni cómo encontrar el «agua» en medio de tantas dificultades.
El evangelio presenta a un Jesús hábil, paciente, respetuoso, a la vez que incisivo. Interviene porque esa mujer le necesita, pero ni la desprecia, ni la avasalla, ni se impone. Es el «tacto» que le acompaña en su anuncio de la Buena Noticia de Dios.
El evangelio sigue siendo buena noticia que sacia; quizá debemos aprender de este Jesús que busca primero al hombre, a la persona en su pobreza, para proponerse como agua de Vida.

Pedro Ignacio Fraile Yécora
Primer Domingo de Cuaresma
Marzo de 2014
http://pedrofraile.blogspot.com.es/


            

18 marzo, 2014

LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN TIENE MUCHOS COLORES (Las primeras lecturas de los cinco domingos de Cuaresma)


(Guardado en la página: 'Año litúrgico'. Cuaresma 2014)

Es sabido que el Antiguo Testamento nos resulta especialmente difícil a los cristianos. 


No sabemos bien qué hacer con él. Sin embargo, hay una lectura no sólo válida y legítima, sino necesaria: ver cómo se despliega la historia de la salvación.                

Dios salva en la historia de la humanidad y de las personas. Dios despliega su salvación bajo mil pequeñas historias particulares. Incluso algunas muy difíciles de entender o de aceptar. 
Pero es Dios.
                 
Os propongo leer seguidas las cinco «primeras lecturas» de esta Cuaresma (leemos el ciclo A), y descubrir que la Palabra de Dios tiene una «lógica interna» que está presente (el Espíritu Santo es el Inspirador), pero que a la vez hay que descubrir. La Palabra de Dios no es monocolor, sino que tiene muchos colores; por que Dios escribe en todos los momentos de la vida.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Lectura del Libro del GÉNESIS  2,  7‑9;  3,  1‑7

           El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida y el hombre se convirtió en ser vivo.
           El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia Oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho.
           Y dijo a la mujer: - ¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?
           La mujer respondió a la serpiente: Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.»
           La serpiente replicó a la mujer: No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
           La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.
           Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

                        «SOMOS LIBRES POR VOLUNTAD DE DIOS»
                
                 Comienza la «historia de la salvación» con un texto de los orígenes. El relato del Génesis no es un «cuento infantil»; tampoco es una explicación científica de los primeros pasos de la humanidad.
                 Leemos una reflexión sobre el  alma humana. Es una página de «antropología» (¿qué y quién es el ser humano?), pero de «antropología bíblica» (¿qué, quién y cómo es el ser humano con Dios, para Dios y ante Dios?).
                 Se sirve de una imagen curiosa; un «árbol del conocimiento del bien y del mal». El «conocimiento» bíblico tiene matriz semítica, no griega. No consiste, por tanto, en un «conocimiento» que busca descubrir la «verdad» entendida como adecuación del objeto a mi mente; no busca las «esencias». El «conocimiento»  bíblico tiene que ver con la experiencia, con la intimidad, con el gusto, con el saborear, con el placer de encontrarse con el otro, con la exploración del otro que me lleva a amarle. 
                 Dios conoce el bien y el mal porque es creador del ser humano. Dios sabe qué da la felicidad al ser humano, qué le lleva a su perdición; pero Dios es también el que da la libertad. Una persona que no fuera libre ¿podría ser feliz?
                 No somos muñecos en manos de Dios, sino que la libertad forma parte de nuestra condición de seres creados por Dios. Los humanos descubren su desnudez cuando se apartan de Dios.  

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

Lectura del Libro del GÉNESIS  12,  1‑4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abrahán:

           “Sal de tu tierra
          y de la casa de tu padre
         hacia la tierra que te mostraré.
           Haré de ti un gran pueblo,
        te bendeciré, haré famoso tu nombre
        y será una bendición.
           Bendeciré a los que te bendigan,
        maldeciré a los que te maldigan.
           Con tu nombre se bendecirán
        todas las familias del mundo.”

Abrahán marchó, como le había dicho el Señor.

«LA CONFIANZA DE ABRAHÁN NO TIENE FECHA DE CADUCIDAD»
                
                 El capítulo 12 comienza la segunda gran parte del libro del Génesis que se extiende hasta el 50; es la historia de los «patriarcas», familias de pastores que viven sin tierra fija, apoyándose en una descendencia que les asegure protección y supervivencia.
                 Israel, que escribe una vez asentado en Canaán, relee su historia como una vuelta a la tierra de donde salieron sus antepasados. Leen la época patriarcal como etapa de las promesas de Dios: tierra y descendencia; ambos son dones prometidos y bendecidos por Dios.
                 En la persona de Abrán (posteriormente Abrahám)  Dios bendice un proyecto de salvación que se abre a toda la humanidad, a pesar de que todo parece imposible: Abrahám es anciano, para abandonar su tierra; no tiene hijos que le aseguren un futuro; Sara su mujer es estéril.
                 La historia de la salvación, que en sus inicios vio cómo el ser humano desobedecía a Dios, ahora sigue con la obediencia frágil de un anciano: ‘salió Abrahán, como le había dicho el Señor’.  La historia apunta al futuro, muy lejos, de forma casi imposible de creer; sin embargo, en Abrahán se cumple la confianza plena.
                 Abrahám ha pasado a ser en las tres religiones monoteístas  modelo de creyente que se pone en camino fiándose de Dios.





TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Lectura del libro del ÉXODO 17,  3‑7

           En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
           ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
           Clamó Moisés al Señor y dijo: ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
           Respondió el Señor a Moisés: Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
           Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?

«LA FE PASA SIEMPRE POR EL CRISOL DE LAS PRUEBAS»
                
El tercer texto de esta cuaresma nos presenta la rebelión del pueblo. Dios crea al hombre libre (primer domingo); en Abrahám encontramos al hombre obediente que cree en el plan de Dios (segundo domingo); el pueblo de Israel no sólo desconfía, sino que ofende y provoca al mismo Dios (tercer domingo)
                 El pueblo en el desierto sólo encuentran «aguas amargas» (mará, Ex 15, 22-25); cae en la «tentación» (masá) de dudar de la  presencia de Dios y «pleitea» (meribá) con él. Duda sobre la presencia de Dios y sobre la autoridad de Moisés. «Masá – tentación» y «Meribá – pleito» equivalen a desesperar y pedir a Dios un signo de su poder. Llegan a la blasfemia:  ¿Dios les ha sacado de Egipto para matarlos? 
                 La promesa de la presencia de Dios, «allí estaré yo ante ti»  y la pregunta final «¿está el Señor en medio de nosotros ?» son la clave de toda la sección. El camino del Éxodo es el camino de cualquier persona y de cualquier grupo humano en su relación religiosa. Cuando nos liberan, cuando nos favorecen, cuando nos va todo bien, cuando tenemos a Dios de nuestra parte, hasta el desierto es llevadero. Cuando aparece la prueba, lo primero que se resiente es nuestra fe en Dios. ¿La fe en Dios es ‘acomodaticia’? ¿Creemos en un Dios de la historia o en un Dios de juguete que debe estar a nuestro servicio? La duda (¿está Dios? forma parte de la conciencia y de la libertad humana.
                 El Dios que se revela en la historia nos ayuda a descubrir su presencia en la vida ordinaria, en los momentos en que experimentamos el gozo de la liberación, y en las pruebas que van surgiendo en el camino.


DOMINGO 4 DE CUARESMA

Lectura del primer Libro de SAMUEL 16, 1b. 6‑7. 10‑13a

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel:
           Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí.
Cuando se presentó vio a Eliab y se dijo: «Sin duda está ante el Señor su ungido.»
           Pero el Señor dijo a Samuel: No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.
           Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo: A ninguno de éstos ha elegido el Señor.
           Preguntó, pues, Samuel a Jesé:
           - ¿No quedan ya más muchachos?
El respondió:
           - Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño.
Dijo entonces Samuel a Jesé:
Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido.
Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia.
           Dijo el Señor: Levántate y úngelo, porque éste es.
Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos.

«A DIOS SE LE ENCUENTRA EN LOS CAMINOS SENCILLOS Y NUEVOS»

                 Dios se sirve para llevar adelante su salvación de un ser humano que le desobedece (Adán), y que le obedece (Abrahán); de un pueblo que duda de él y se querella contra él (Masá y Meribá), y se sirve también de un niño pequeño.
                 La historia de David comienza con un gesto sorprendente. El ungido de Dios no es el rey Saúl (a quien ha rechazado), ni ninguno de los hermanos mayores, fuertes para el combate y dignos de una corona. Por medio de Samuel, profeta (Dios siempre se sirve de mediaciones), David es ungido como futuro rey de Israel. Es una unción anticipada, en germen, pues aún quedan muchos episodios por jugar. Pero Dios ya ha dicho su palabra.  
                 Tres palabras a resaltar en esta lectura: «mediador carismático», «niño pequeño», «unción real». Dios siempre se ha servido de mediaciones sorprendentes; el pueblo no reconoce tanto a la persona cuanto al Espíritu que se posa en una persona. La esbeltez y fortaleza pasan a un segundo plano; es más, Dios hace su obra de salvación con lo pequeño, despreciable, débil. El ungido tiene la misión de ser fiel al plan de Dios y de servir al pueblo de Israel.



QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

Lectura del Profeta EZEQUIEL 37, 12‑14.

Esto dice el Señor:

           Yo mismo abriré vuestros sepulcros,
           y os haré salir de vuestros sepulcros,
               - pueblo mío-,
           y os traeré a la tierra de Israel.
           Y cuando abra vuestros sepulcros
           y os saque de vuestros sepulcros, 
               - pueblo mío-,
           sabréis que soy el Señor:
           os infundiré mi espíritu y viviréis;
           os colocaré en vuestra tierra,
           y sabréis que yo, el Señor,
           lo digo y lo hago.
-     Oráculo del Señor-.

«DIOS SIGUE RECREANDO EL MUNDO»

                 La historia de la salvación, que recuerda la liberación de Egipto y el camino a la tierra prometida (Éxodo), pasa necesariamente por el destierro en Babilonia y un nuevo regreso (Segundo Éxodo).
                 El texto litúrgico es la conclusión de la conocida visión de los huesos secos (Eze 37,1-14).  El contexto histórico nos sitúa en Babilonia, mitad del siglo VI a.C., donde la palabra de Dios se dirige a la comunidad judía allí desterrada sin esperanzas de volver un día a Judá. En el destierro de Babilonia el pueblo carece de toda esperanza.
                 Están convencidos de que Dios les ha abandonado a su suerte y no cabe la posibilidad de volver a la ciudad santa de Jerusalén. El pueblo se queja: nuestros huesos están calcinados, estamos muertos en vida, sin esperanza. El profeta Ezequiel plantea una revitalización de las fuerzas exhaustas, una recapitalización de los créditos inexistentes, una refundación de los cimientos. Si el pueblo vive en sepulcros (muerte, hedor, llanto, luto) él anuncia la vida (espíritu, tierra, esperanza, futuro...) que provienen del mismo Dios: «abriré sepulcros», «os traeré a Israel».
                 Dios mismo es el que actúa (fijémonos en que habla en primera persona). La actuación de Dios, al igual que en el pasado, les llevará al verdadero conocimiento: «sabréis que yo soy el Señor» (v. 13).
                 El Espíritu de Dios sopla de nuevo, como en la creación, recrea, hace que de lo seco, de la muerte, surja la vida.  De nuevo aparece la paradoja: el destierro como lugar de gracia. El pueblo de Israel vio en el exilio no sólo el castigo justo al que había sido conducido por su pecado (abandono del Dios de la Alianza) sino un lugar de gracia desde el que recomenzar de nuevo la historia con Dios.

Pedro Ignacio Fraile Yécora
Cuaresma 2014
http://pedrofraile.blogspot.com.es/



17 marzo, 2014

COMENTARIOS A LAS LECTURAS DE LA FIESTA DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA


Guardado en la página 'año litúrgico'

Lectura del segundo libro de SAMUEL 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:

-«Ve y dile a mi siervo David:

“Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo”. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»
Palabra de Dios

La conocida como ‘promesa davídica’ (texto que leemos hoy) es una de las claves teológicas de interpretación del Antiguo Testamento. David, elegido como rey de Israel, ungido por el profeta Samuel, cae repetidamente en el pecado. Sin embargo Dios no abandona a su ungido, sino que le conduce de forma que por su medio instituye toda una descendencia. Las palabras con que Dios rubrica su promesa, ‘por siempre’, supondrán un serio problema para el pueblo de Israel cuando vean que con Sedecías, en el año 587, desaparece la monarquía davídica.
Será Isaías quien ayude a interpretar la promesa en clave mesiánica y no puramente biológica. Dios no estuvo sólo con el rey David para salvar a su pueblo, sino con todos sus descendientes; la promesa no se reduce a un hecho de la antigüedad, sino que se renueva y actualiza en el Mesías.
El profeta Natán con su palabra no sólo legitima una dinastía humana, sino que enraíza en ella un símbolo mesiánico. La casa de David se perpetúa en el pueblo de Israel.   


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los ROMANOS     4, 13. 16-18. 22

Hermanos:

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenido por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.
Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia.
así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.»
Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó.
Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Palabras tajantes si las leemos en un contexto de observancia judía donde la Ley o Torah había adquirido rango de culto. Pablo rompe el argumento y apela al mismo Abrahán para reivindicar la salvación por la fe y no por la observancia de una normativa ético-religiosa. La perspectiva se abre a una nueva dimensión insospechada pues según el apóstol la descendencia de Dios no se limita a la legal, esto es a los israelitas observantes, sino a toda la humanidad que abre su corazón a la fe. La promesa no se le hace a Abraham por ser cumplidor, sino por ser creyente.
Con estas afirmaciones el apóstol Pablo rompe todo particularismo excluyente que limitara la acción de Dios a un pueblo o grupo que fuese fiel a una observancia concreta para abrirla a la humanidad creyente sin distinción. En el título ‘padre de muchas naciones’ Pablo contempla a la gran humanidad redimida en la persona de Cristo.
La diferencia entre los dos tiempos salvíficos es que en Abrahán Dios promete, y el creyente vive en la tensa esperanza de que se cumpla la promesa; en el tiempo inaugurado por Cristo, Dios ha cumplido, y el creyente sabe que en su fe se actualiza y realiza el plan de Dios.


Lectura del santo evangelio según san MATEO 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor.

La figura de José aparece poco en los textos evangélicos. Mateo acaba de introducir la genealogía de Jesús, 'hijo de Abrahán, hijo de David' haciendo que la  cadena desemboque en José, del que se dice que es 'esposo de María', y no al revés como se esperaría: María, 'esposa de José'.
El relato quiere desarrollar que la maternidad de María no es obra de José, sino del Espíritu santo. Para ello lee en clave de cumplimiento la promesa mesiánica que aparece en Isaías – la señal de la presencia de Dios es que la virgen está encinta- y que el texto litúrgico en este caso no recoge.
Según las costumbres judías se han celebrado los esponsales, pero no la boda y consiguientemente se presume la no cohabitación de la pareja. Mateo emplea la conocida figura del sueño y del ángel para introducir el misterio que supera a la inteligencia humana.
José es colocado en la línea de los hombres creyentes que, como Abrahán, va más lejos de las leyes naturales o humanas y acepta entrar en la dinámica de los planes de Dios. Cristo es hombre como los demás, pero al mismo tiempo es fruto del Espíritu Santo. José acepta esta paradoja por ser creyente, no sólo por ser bueno.  El texto acaba con la obediencia de José; obediencia que no es sumisión ciega sino aceptación del misterio que sobrepasa y que se acoge con reverencia.


Pedro Ignacio Fraile Yécora