06 junio, 2014

SIN EL ESPIRITU, CON EL ESPÍRITU



Sin el Espíritu Santo, Dios queda muy lejano:
Cristo es una figura del pasado,
y el Evangelio no es más que una organización.
la autoridad es cuestión de propaganda,
y el amor cristiano una moral de esclavos.

 
Pero, con el Espíritu Santo el mundo resucita
y crece con los dolores de parto del Reino.
Cristo resucitado está realmente aquí,
y el Evangelio tiene poder de dar vida.

La Iglesia manifiesta la vida de la Trinidad,
la autoridad es una sabiduría liberadora,
la misión es un Pentecostés,
la liturgia es a la vez memoria y anticipación
las obras de los hombres son divinas.

Metropolita 
IGNACIO DE LATAKAIA,
en la Asamblea del Consejo Mundial
de las Iglesias. Uppsala. 1968

05 junio, 2014

PENTECOSTÉS: ACTIVOS, CREATIVOS Y ARRIESGADOS


            Luisa y Blas son unos «viejos cristianos». Eso no es lo malo. Lo malo es que se han convertido en unos «cristianos viejos». Han gastado lo mejor de su juventud y de su matrimonio en la Iglesia comprometidos con el evangelio. De jóvenes pertenecieron a grupos parroquiales; vivieron con fuerza e ilusión el Concilio Vaticano II; les explicaron que tenían que ser «militantes»; y ahí estaban ellos gastando sábados, domingos y algunos días entre semana para «hacer presente el Reino». Se casaron con gran alegría de los «comilitantes cristianos». Los hijos les salieron preciosos: listos y educados; hablan lenguas y conocen el extranjero como la palma de su mano; son ecologistas, solidarios y pertenecen a una ONG; pero dicen que «no son cristianos». Luisa y Blas se miran uno al otro y lloran en silencio: ¿qué hemos hecho mal? Ellos seguían metidos hasta las cejas en los grupos parroquiales, en la catequesis, en Caritas… y sus hijos les «respetaban», pero no compartían lo que pensaban ni lo que hacían sus padres. Si aparecían según qué temas en la comida familiar era «la guerra de Corea». O sea, mejor no hablar de temas espinosos para salvar la «paz familiar».
Hace unos veinte años el papa Juan Pablo II convocó a una «nueva evangelización», y ellos, voluntaristas y fieles, se apuntaron aunque ya les quedaban pocas fuerzas: ¡hay que evangelizar de nuevo! ¡Nuevas formas! ¡Nuevos impulsos! Los gritos de la «nueva evangelización» se fueron apagando poco a poco, sin que nadie supiera bien qué hacer ni cómo «hacer efectiva» esta propuesta. Después del breve e intelectual pontificado de Benedicto XVI, ha aparecido con la fuerza de un torbellino un papa argentino. La verdad es que no dice cosas raras. Solo cita al evangelio y dice que ser cristiano es una alegría. Que ser cristiano merece la pena y que tenemos muchas cosas que aportar al mundo desde nuestra fe en Jesús. Además tiene ideas arriesgadas, ¡y le hacen caso!, porque ha descolocado a los grandes y potentes y paniaguados mandatarios de este mundo. Este día de Pentecostés de 2014 ha invitado a los presidentes de Israel y de Palestina al Vaticano, allí, a la Santa Sede, a rezar y a hablar. ¡Van a ir!
El cura de la parroquia, en la homilía del domingo de Pentecostés, leído el pasaje de los Hechos, da tres claves. Primera: «frente al bloqueo, hay que estar activos». Basta ya de «vivir de la nostalgia del pasado» o de pensar que «no se puede hacer nada». Segunda clave «frente a la rutina, ser creativos». ¿Quién dijo que el aburrimiento, la pesadez, el sueño, la dejadez, sean fruto del Espíritu Santo? ¡Basta ya del «siempre ha sido así! ¡Inventad lo inventado!;¡soñad sueños!; ¡dibujad músicas y cantad imágenes! ¡El evangelio tiene mucho que decir hoy! Tercera clave: «frente a la apatía, sed arriesgados». El que no arriesga, piensa que no pierde; pero en realidad pierde mucho, porque se estanca, se encastilla, se defiende… y cuando quiere comenzar de nuevo, ve cómo el tiempo ha pasado y está viviendo en un mundo que ya no existe más que en su cabeza. Hay que arriesgarse, salir, hablar, preguntar, escuchar, proponer, intuir, cambiar, reconstruir, rediseñar. Luisa y Blas escuchan al cura y dicen: ¿nos apuntamos? Y se apuntan como unos jovenzanos con mil tiros dados.
Todos los años celebramos Pentecostés. Es la gran fiesta de todos los «Luisas y Blases» de nuestras parroquias, de nuestros grupos, de nuestras asociaciones que quieren vivir en la Iglesia con el evangelio como «hoja de ruta». Ya sabéis, es Pentecostés, hay que recuperar como en los años de la juventud el ser «activos, creativos y arriesgados».

Pedro Ignacio Fraile - Pentecostés 2014

http://pedrofraile.blogspot.com.es/

04 junio, 2014

PENTECOSTÉS Y LOS VEINTEAÑEROS



De las peores que cosas que te pueden decir es que «eres viejo». Eso es peor aún que si te dicen que «eres antipático» o que eres «una raspa». La palabra «viejo» es antónima de «joven». Sabemos lo triste que es que una persona huela a «viejo», porque lo que deseamos es que el olor sea «fresco». También tiene que ver con el «valor» de las cosas: un sillón «viejo» se tira; un sillón «antiguo» se restaura.
En los acontecimientos de estos días en España (tanto las elecciones al Parlamento europeo como la abdicación del rey), muchos han leído que «estamos viejos». Han pasado cuarenta años (casi) desde el inicio de la democracia (Franco muere en el 1975; la constitución es de 1978); pero, ahí quería llegar, estos cuarenta años hay que sumarlos a los veinteañeros o treintañeros de entonces; hoy están en los sesenta, setenta, ochenta… Otra generación. Otros recuerdos. Otras perspectivas. Otros esquemas mentales. ¿Son mayores o viejos? ¿Aquella es una generación mejor o peor preparada que los de ahora? ¿Con más valores o con otros valores que los de hoy? ¿Con más sentido de la responsabilidad o con menos que los jóvenes que empujan?
Hace ya un tiempo, al hablar de los años setenta con el corazón en la boca, los años de la transición, un chaval joven me decía: «Pedro, ¡que yo he nacido en el 82, cuando el triunfo del PSOE!, ¡que no sé de qué me hablas…!». ¡Era verdad! ¡Él oía cosas del pasado! Me acordaba de cuando nuestros superiores en el Seminario nos hablaban de los años del Concilio: lo que esperaban, cómo se movilizaban, cómo leían con avidez todo lo que llegaba de las aulas conciliares… y nosotros decíamos: «pero, Tino, cuando tuvo lugar el Concilio… ¡yo estaba naciendo…! ¡yo no he vivido eso!». Los veinteañeros y treintañeros de ahora han nacido en la democracia (para ellos Franco y su dictadura pertenece a la historia); los veinteañeros y treintañeros de ahora ni han cantado nunca, ni conocen el «Cara al Sol», tampoco la «Internacional», ni tampoco el «Venid y vamos todos con flores a María». Son otra generación para todo.
Jesús dice en el evangelio «no se puede poner un remiendo en un vestido viejo, ni se puede echar vino joven en unos odres viejos». Jesús sabía mucho y decía mucho. No nos podemos empeñar en usar medios viejos, expresiones viejas, incluso estructuras viejas, para algo que es nuevo, emergente, fuerte, imprevisible. Como no soy «ácrata» (nunca lo he sido), no quiero hacer un alegato de la «anarquía», sino de la novedad, de la fuerza, de la frescura, de la ilusión y sabiduría que nace en Pentecostés.
Dicho con imágenes. En la era del «AVE», no podemos proponer un viaje en «ferrocarril». Puede ser que el ferrocarril sea más nostálgico y romántico; las nostalgias no nos sirven para nada, más que para paralizar; aceptamos ser románticos, pero con moderación y solo en momentos puntuales, no como «norma».
En la era de las «redes sociales» (inmediatez, agresividad, internacionalidad), no podemos proponer «octavillas» como medio de comunicación social (esta idea no es mía, la oí el otro día en la tele cuando hablaban de los cambios palpables y evidentes). Aquí ya no se puede ser ni nostálgico ni romántico, sino práctico y operativo.
En la era de la participación y de la autonomía del individuo, no se pueden dar argumentos de cuartel: «porque yo lo digo», o «porque yo lo mando», o «esto es así y basta». Hace ya tiempo que la «autoridad» se distingue del «autoritarismo». Están diciendo «una persona, una voz, un voto»; ¿dónde queda el «no se preocupe, señora María, que yo hablaré por usted?».
Lo más difícil, sin duda, es el lenguaje. No hablamos el mismo lenguaje; bueno, no hablamos el mismo lenguaje porque tampoco tenemos los mismos esquemas antropológicos, morales, sociales, políticos y religiosos. Es como un «teléfono roto». Para muestra, un botón. Nosotros decimos que «Cristo nos salva del pecado y de la muerte». Los jóvenes veinteañeros-treintañeros nos dirán: 1. ¿quién es Cristo y por qué Cristo y no otro? 2) ¿qué es eso de «salvar»? ¿qué he hecho yo para que nadie tenga que venir a salvarme? Más que de «salvar» hay que hablar de «salud», que es lo importante y lo que queremos. 3) ¿Qué es el pecado?  En todo caso cometo «errores», pero «yo no peco». 4) Por último, nuestra sociedad ya hace tiempo que ha renunciad a hablar de la muerte y dice que alguien «se ha ido»… ¡y hasta le aplauden!
El próximo domingo es PENTECOSTÉS. A los veinteañeros y treintañeros, por desgracia, no les dice nada, o casi nada. A los que creemos en el Dios de Jesús, a los que invocamos al Espíritu Santo para que nos «renueve», PENTECOSTÉS es sinónimo de «frescura impregnante», de «ilusión renovadora», de «fuerza arrolladora», de «novedad en el pensamiento, en las actitudes y en el lenguaje».  El batiburrillo y el guirigay que se formó en Babel, se transforman en PENTECOSTÉS en diálogo, en propuestas, en ganas de salir a la calle, en abrazos. Para todos los creyentes de todas las generaciones, también para los veinteañeros y treintañeros que tienen el reto difícil pero apasionante de dar forma y lenguaje a la fe cristiana, ¡feliz Pascua de Pentecostés!

Pedro Ignacio Fraile Yécora
Pentecostés 2014
http://pedrofraile.blogspot.com.es/