01 abril, 2016

BULOS, FALSAS ALARMAS Y MANIPULACIONES Formas modernas de la mentira



            El «internet», como se conoce coloquialmente, a pie de calle y de forma habitual, no es bueno ni es malo. Como la tele, la radio o los periódicos, los libros y las revistas no son ni buenos ni malos. Son en unos casos «soportes», en otros son «medios». No me atrevo a decir si son «informativos» o «deformativos»; si son «de opinión» o de «manipulación». De esto último tratan estas reflexiones, centrándome en «el internet», la red social por antonomasia.
            Estamos en la era digital, aún en mantillas. Nos sorprendemos con lo que podemos hacer, pero no podemos ni imaginar lo que haremos en este mismo año o en los próximos años; mucho menos el futuro que se nos depara en los próximos decenios… La «era digital» nos adelanta con sorpresas ilusionantes, rapidez inimaginable e inmediatez absoluta.
            Todo en esta vida tiene sus «tendones de Aquiles», sus puntos débiles, por los que fallan hasta los mayores campeones. En términos bíblicos, el ídolo gigante hecho de metales preciosos, que nos narra el libro de Daniel, tenía los pies de barro. También el «internet» tiene los pies de barro; y estos son el tratamiento de las noticias, la plausibilidad de sus informaciones, el servicio a intereses particulares. Dicho de forma contundente: el sacrificio de la verdad a las diosas manipulación, deformación, bulo o mentira.
            La forma más chabacana y más fácil de manipular la verdad son los bulos. Nadie controla la veracidad o mentira de las noticias que corren por las redes sociales. Además, si están bien hechos, con fotos, contextualizados y con referencias creíbles, pasan a ser «virales». Un paréntesis obligado: ¿Qué es eso de «virales», dirá alguno? Muy sencillo, son noticias, o consignas, o llamadas, o chistes, o fotos o lo que sea… que se expanden rápidamente como los virus; son incontrolables… A modo de ejemplo sencillo. En esta última semana santa, me llegó un «minivideo» de un pájaro que, con el fondo de los  clarines de las procesiones de semana santa sevillana, cantaba una saeta. Algo blanco, sin malicia, simpático, para todos los públicos. El caso es que estando el otro día sentado en un aeropuerto del solar hispánico, una pareja que estaba sentada a mi lado, estaba escuchando este mismo video con muestras de satisfacción. Por los canales que fuera, desde donde fuera, enviado por quien fuera, compartían el mismo video que yo, escuchado a cientos de kilómetros, en espacios y tiempos distintos, sin que nos conociéramos de nada. Repito: hay mil ejemplos de casos «virales». La «rede de redes» el internet, ha roto las fronteras.
            Retomando que los bulos son «virales», hay que estar muy atentos, pues por lo general no son «ingenuos» sino que van cargados de «mala intención». Unos son aviesos y perversos, otros son manipuladores de la verdad, otros solo buscan meter cizaña. En esta terrible crisis de la guerra de Siria e Irak, la que ya se conoce como «guerra contra el yihadismo», parece que vale todo. Bien saben mis lectores que yo no solo soy católico y que no pierdo ocasión para decirlo; que denuncio la persecución a los cristianos de aquellos países que están matando por ser cristianos; que denuncio en este blog el intento de exterminar a los cristianos del próximo oriente…, pero esto no impide que denuncie también algunas informaciones que son «bulos» para alimentar el odio contra los musulmanes. Hay que hilar muy fino. Hay que contrastar cada información. Solo porque nos llegue un «guasáp» o incluso porque veamos una foto en el «feisbuk», no quiere decir que sea verdad. No se puede propagar el odio. Ni contra los cristianos ni contra los musulmanes. No se puede extender un reguero de pólvora y encenderlo. Es una grave irresponsabilidad. Decir la verdad siempre; denunciar las injusticias y las violencias siempre; pero nunca por medio de bulos. No lo digo esto por decir, sino porque en los últimos meses han corrido por la red noticias terribles, videos y fotos que luego han tenido que desmentir en algunas ocasiones, porque eran claramente incitadoras al odio, pero sin fundamento. La mayor parte, por desgracia, son ciertas; pero no todas ¿Qué hay que hacer? Buscar en más de un medio si esa información es verídica; no vaya a ser que ese medio haya sufrido también el engaño yu se haga eco de una noticia malintencionada. Segundo, leer la misma información en más de un medio, a poder ser de tendencia diferente, para evitar manipulaciones ideológicas o perversas. Jesús nos dijo que la «verdad nos hará libres»; hay que «servir a la verdad».
            De la mano de los bulos, y en la misma línea de la inseguridad y violencia que se ha extendido por doquier (es un hecho innegable, y hoy por hoy imparable), hay que denunciar también las «falsas alarmas». ¿Acaso no ha recibido usted en cualquiera de sus «receptores» de información (teléfono, «Tablet» o «portátil») avisos confidenciales de que no vaya al metro, o a un centro comercial famoso, o a una concentración importante porque un primo de su primo, que tiene a su vez una amiga policía, que está bien relacionada con el jefe de seguridad de la portería de un ministerio… le ha dicho que va a haber un atentado inminente. Yo he llegado a ver en mi «móvil» la foto de un documento que parecía ser de la policía donde se avisaba de estos próximos y terribles acontecimientos. Narrado con un poco de sorna, pero esto es así. ¿Quién creó el bulo y quién lo expandió hasta convertirse en viral? No se puede meter miedo a la gente. No se pueden correr los bulos y alimentar las falsas alarmas. Por una parte porque es muy grave que la gente viva asustada, con ansiedad, atemorizada. Por otra porque se les hace el juego a los terroristas y maleantes que precisamente quieren eso, que vivamos arrodillados en permanente estado de shock.             Como en este mundo complejo que nos toca vivir, nada es sencillo de por sí, alguno preguntará. ¿Y si los avisos son ciertos? ¿No tenemos que creer a nadie? ¿Y si la población civil, que de por sí es inocente y buena, consigue protegerse por medio de estos avisos de «los malos»?
            El tercer caso que nos ocupa, dentro de este mundo de «internet» es el de las manipulaciones. Sería muy fácil poner ejemplos. Solo pongo uno porque es chocante a la vez que peligroso: las frases del papa Francisco. Es verdad que el actual papa Francisco cae muy bien a la gente. Es verdad que dice frases chocantes. Es verdad que a veces dice frases ingeniosas. Es verdad que a veces te tienes que parar a pensar lo que dice, no porque el papa no sea cristiano o católico, ¡hasta ahí podríamos llegar!, sino porque no estás acostumbrado a que un papa de la Iglesia diga algo semejante. Ahora bien ¿todo lo que se le atribuye al papa Francisco es del papa Francisco? Esta pregunta no es mía, sino que hace tiempo la recogí en la red. Han tenido que avisar, desde la Santa Sede, precisamente porque han detectado que se le atribuyen al bueno del papa jesuita argentino, frases que no son suyas. ¿Es peligroso? Puede que sí y puede que no. Si las frases están en línea con el reino de Dios y su justicia no pasa nada; pero ¿y si se ponen en su boca afirmaciones graves que él no ha dicho? Lo mismo que he dicho más arriba. Leer, contrastar, buscar en medios oficiales o serios, buscar la fuente, no conformarse con una sola información etc. Todo puede ser manipulado. En este mundo de «redes» que se entrecruzan, sin citar fuentes autorizadas, con la única autoridad de que «lo he leído en internet», aún más. También el papa Francisco está sometido a este riesgo. ¿Qué es la mentira? A veces no es «no decir la verdad», sino decir «medias verdades», «verdades a medias» o «mentiras con visos de verdad».

Pedro Ignacio Fraile
1 de Abril de 2016
             
           



            

29 marzo, 2016

REFLEXIONES APASIONADAS PARA ESTA PASCUA


Lo primero que sale del corazón y de los labios, en esta semana de Pascua es repetir el saludo que atraviesa el mundo de parte a parte: ¡Ha resucitado! ¡No lo busquéis entre los muertos! Sin embargo, cada año la Pascua tiene notas distintas para quienes la celebran. No hay dos Pascuas iguales, como no hay dos cumpleaños iguales ni dos navidades iguales. No tenemos más que echarnos una mirada a nosotros mismos: ¿qué nos ha pasado a nosotros y a los nuestros, a nuestros amigos y familiares desde la última celebración de la Victoria de nuestro Dios? Unos han nacido y otros han muerto. Celebramos pequeños triunfos y lloramos dolorosos fracasos. Tenemos nostalgia de otros tiempos, cuando soñábamos con otros horizontes que quizá no se han cumplido, o nos seguimos ilusionando con un mundo distinto que hay que hacer.

La Pascua atraviesa el mundo, no sabe de colores ni fronteras, por eso mismo no hay dos Pascuas iguales. No la pueden celebrar de la misma forma los cristianos de Siria que ven cómo su vida peligra por eso, por ser cristianos, que los cristianos de Grecia que ven cómo su economía no levanta cabeza, o los cristianos de los Países Bajos que siguen conmocionados por la violencia terrorista, o los cristianos de África que preparan en muchos casos la emigración a Europa. Para todos es Pascua, pero Pascuas muy distintas.
Esta Pascua se ha caracterizado por su celebración en medio de una violencia creciente. No solo en Irak y Siria, sino también en Pakistán, donde han sido masacrados niños y sus madres cuando celebraban en un Parque la principal fiesta cristiana. Una Pascua marcada por una tensión creciente en el mundo. ¿Qué significa que Jesús ha vencido a la muerte? ¿Qué supone para un cristiano creer en que Cristo es la vida plena? En medio de tanta violencia, no es fácil.
Me quiero parar en España. Estamos asistiendo en los últimos meses, o años quizás, a un fenómeno inquietante. La vieja España, esa que está atravesada de costuras, esa que se rompe y se remienda de nuevo; esa que se rasga por los extremos y se quiere recomponer desde el centro. Esa España que ha sido de todo y de nada. Que ha sido la que más misioneros ha enviado a América para anunciar el evangelio y a la vez la que más reniega de él. Esa España que levanta los pasos de Semana Santa, y los procesiona entre el aplauso y sentidos lloros de muchos, y esa España que grita que se acaben para siempre estos signos de una época pasada, que debe desaparecer, en nombre de la laicidad.
La religiosidad de España es distinta a las de otras partes del mundo. Celebra con pasión la muerte de Jesús. Miles y miles se echan a la calle para llorar con sus Cristos. Pero el día de Pascua solo son cientos los que celebran la Resurrección. ¿Dónde se han quedado los miles que contemplan emocionados las procesiones de Viernes Santo? Ahí, en la muerte. Sin querer, o queriendo, tenemos una religiosidad de «viernesanto», «trágica», «dolorosa y dolorida», pero ¿dónde está la mañana luminosa de Pascua entre nuestra gente que se confiesa católica?
Los Obispos reclaman la atención de sus fieles. Quieren hablarles del evangelio, quieren que entren en el Año Jubilar de la Misericordia. Si diéramos la razón  al número que dicen las estadísticas,  decenas de miles participando en las procesiones, tocando los tambores, llevando los pasos ¡qué Iglesia tan viva! Si miramos las reuniones de las parroquias, los encuentros para reflexionar el evangelio o la Doctrina social de la Iglesia, al contemplar las sillas vacías; si vamos a muchas misas dominicales, decimos ¡qué Iglesia más muerta! ¿Cómo es posible que nuestra gente, en números de miles, se emocione con Cristo y la Virgen y dé la espalda a la Iglesia que quiere hablarle de ese mismo Cristo y de esa  misma Virgen? Esta es España. Se puede ser «hermano cofrade» sin sentir con la Iglesia. ¡La fe o no fe de los cofrades, es harina de otro costal.
Más aún. La Iglesia se esfuerza por avanzar en una sociedad que la mira con prevención (todo lo que propone la Iglesia suena a «antiguo« y «trasnochado») y encuentra con el impedimento de una sociedad que la quiere dejar ahí, en las procesiones de Semana Santa, pero que no quiere que sea profética, ni que diga la verdad, ni que se ponga con los más pobres. ¿Tenemos una Iglesia secuestrada por nuestros propios conciudadanos? ¿Qué pasaría si los miles de cofrades fueran voluntarios de Manos Unidas, de Caritas, de Justicia y Paz etc? ¿Os imagináis una Iglesia así?
Una amiga me decía el otro día cuando comentaba con cierta dureza estas situaciones: «No juzgues. Dios se sirve de lo que quiere, incluso de tocar el tambor, para hacer su obra». Puede ser. Puede ser que sigamos creyendo muchos que es más evangelizador una sesión de estudio del evangelio, o un compromiso en Caritas que ir llevando un paso. Pero ¿quiénes somos nosotros para decirle a Dios cómo se quiere revelar? ¿Acaso la razón es el único acceso a Dios? ¿Acaso debemos cerrar a cal y canto el mundo de las emociones para impedir que Dios se cuele por esa rendija? Dejad a Dios ser Dios.
Pascua de 2016. Distinta a la del año pasado y sin duda distinta a la del próximo año. ¡Jesús está vivo! ¡Felices Pascuas!

Pedro Fraile
20 Marzo de 2016