10 febrero, 2016

HOY ES MIÉRCOLES DE CENIZA


TE RENUEVA POR DENTRO,

TE MOVILIZA POR FUERA

 Hoy es miércoles de ceniza. En la parroquia estos últimos días, ha habido un «concurso de ideas» para buscar un lema para esta próxima Cuaresma. Unos decían, «conviértete y cambia de vida», a lo que otros le contestaban, «ya estamos como todos los años». Otro, más audaz, proponía «conversión es revolución», y todos a una le recordaban que eso de la «revolución» no está bien visto en la Iglesia, y que a muchos les suena a muertes, y sangre y todo lo demás.
            Pasaba el rato y nadie tenía una idea que fuera novedosa y atractiva a la vez. Juana, que está mal del estómago, había llevado para merendar un «yogur», como se suele llamar a todos los productos lácteos, sean de lo que sean. La propaganda del producto decía que te «renovaba por dentro». Juana, dijo: ‘ya está, lo que dice esta etiqueta… hay que renovarse por dentro’. Unos protestaron por la frivolidad y otros le dijeron que eso no era serio para una parroquia. Ahí quedó la cosa.
           

El lema que iba a presidir el templo parroquial durante todo el tiempo de Cuaresma seguía sin estar claro. Uno de los participantes, Felipe, muy serio él, dijo que un día había oído en misa que la «conversión tenía que ver con la movilización»; y explicó con voz grave: «si uno se convierte de verdad, se pone en movimiento, se moviliza; que eso de no hacer nada por los demás, el inmovilismo, no es cristiano».
            La luz asomó y se hizo sitio entre aquellas buenas gentes. ‘¡Ya está, la cuaresma es algo que te mueve por dentro y que te lleva a moverte por fuera!’ Sí, eso: ‘La Cuaresma tiene que servirte para «renovarte» desde el interior, desde lo más hondo, y tiene que notarse en que haces otras cosas, en que vives de otra forma, en que no te quedas en casa inmovilizado». Todos se animaron a comentar el nuevo lema.
            Es verdad. La Cuaresma no está ahí para que todo siga igual, sino para que todo cambie: de adentro hacia afuera, y de afuera hacia adentro. Renovación del interior y movilización exterior.
            Hay que renovarse interiormente, porque si no, la Cuaresma es «más de lo mismo»; suena a lo «ya sabido», a «rutina», cuando no suena a «caspa» y «religión rancia» (perdón por estas dos palabras que son muy fuertes, pero que es así). Si alguien se molesta, pido humildemente perdón.



            Pero el cristianismo no es una religión «de lo de dentro, para mí mismo, para mi interioridad íntima, para mi yo profundo que desconozco y deseo liberar de todo mal». El cristianismo es «para la calle», para «vivir hacia afuera». El cristianismo tiene espíritu, tiene sentimiento, tiene entrañas y corazón, pero tiene igualmente «pies y manos».
            Cuaresma, tiempo para ponernos a tiro ante Dios y dejar que sea él quien nos diga por dónde vamos bien y por dónde debemos marchar, es un tiempo para «renovarnos por dentro» (como el yogur ese que es tan bueno y tan necesario) y para «movilizarnos por fuera» (como decía el cristiano aquel que estaba harto de identificar cristianismo con inmovilismo.

¡Buena Cuaresma a todos!

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