Llevo muchos días pensando
que tengo que escribir algo a raíz de los acontecimientos últimos sobre los
miles de desplazados que piden entrar en Europa. El tema es no solo muy duro,
sino muy difícil. Es una roca con muchas aristas afiladas y se puede caer con
facilidad en la demagogia, en la insensibilidad, en el pragmatismo, o en la
inhumanidad.


Está la arista de los intereses políticos. La zona en cuestión es un auténtico polvorín. Es muy difícil explicar los juegos de interés que hay allí: en la zona disputada hay petróleo, ahora controlado por el ISIS; Turquía, que es musulmana, ha hecho siempre de «policía» de occidente en la zona, pues pertenece a la OTAN, pero es enemiga de los kurdos, que son un pueblo sin territorio. Los americanos, ingleses y franceses, meten la mano en el avispero, lo revuelven y se van corriendo. ¿Qué quieren, qué buscan?
Está la arista de la
historia. No podemos olvidar que estos países son de creación muy reciente.
Algunos aún no han cumplido un siglo de existencia. Al derrumbarse y
desaparecer el Imperio Otomano tras la primera guerra mundial, los vencedores,
los franceses e ingleses, se repartieron el territorio vencido e inventaron
fronteras y países que nunca antes habían existido: Irak, Jordania… Existían
los montes, los pueblos, los valles…. Las tribus y las familias pasaban de un
sitio a otro sin problemas… hasta que les dijeron que habían nacido unos «estados».
Naciones sin estado y estados con varias naciones. Familias en dos países
distintos.
Está la arista de la
religión. Nos quieren hacer creer que esos países son musulmanes en su origen y
en su historia. No es verdad. El Islam nace en el año 622 después de Cristo,
mientras que las iglesias cristianas se remontan al siglo segundo después de
Cristo. La presencia cristiana en aquellas tierras, muy rica por cierto, es
cuatro siglos anterior a la aparición del Islam. Parece que esto no interesa a
nadie. Recordemos que la palabra «cristiano» nace en Antioquía de Siria, el
primer lugar donde se da este nombre a los «discípulos del Nazareno» (Hch
11,26).

Está la arista del mundo árabe del Golfo. Hoy he visto en una televisión pública, aunque de forma muy tímida, que los refugiados de esta «crisis» buscan los países occidentales, mientras que los supermillonarios países petrolíferos del golfo, con los que comparten la misma lengua (el árabe) y en muchos casos la religión (el Islam) no acogen a refugiados. Las cifras son: Turquía, Líbano y Jordania, unos tres millones de refugiados; a Occidente se le pide que acoja a 200.000… y los países del Golfo, los que participan en los equipos de fútbol europeos, los que compran acciones de grandes empresas españolas, los que tienen griferías de oro en los hoteles, entre todos no llegan a dos mil refugiados.
Está la arista de las
políticas de la Unión Europea. Es interesante ver cómo reaccionan unos y otros
países. Por cierto, los refugiados quieren ir todos a Alemania, no quieren venir
ni a Italia, ni a Portugal ni a España. ¿Han leído lo que piensa hacer
Inglaterra, la misma que ha provocado en buena parte el conflicto? ¿Dónde está
Estados Unidos de América, que metió la mano para mover un avispero que estaba
apaciguado; eso sí, la paz de los dictadores?
Está la arista del modelo mundial. ¿Qué mundo queremos? ¿Queremos un modelo único para todo el mundo? ¿Tienen que seguir los pueblos semitas, cuya organización está basada en las familias y en los clanes, a día de hoy, los mismos esquemas de organización que los pueblos occidentales: una persona, un voto? Parte del conflicto está en que se quiere imponer a pueblos que durante siglos se han gobernado con criterios propios, el modelo único de occidente. ¿Es mejor nuestro sistema que el suyo? Parece que no funciona. Al menos eso dan a entender los resultados tras varios años de la cacareada «primavera árabe».

Está la arista de las
soluciones. ¿Cuál es la solución? Evidentemente que la primera es darles
refugio, pero… ¿y la guerra? Más aún, no solo la guerra de Siria, sino la de Irak,
y la de Afganistán, y la de Somalia… Los que allí se han quedado gritan: ¡no
queremos irnos de nuestro país, lo que queremos es que acabe la guerra!
Está la arista de la islamización. En este complejo y enrevesado mundo moderno, que dicen que debe ser «laico», hay que interpretar o hay que leer entre líneas que debe ser «laico frente a los cristianos», pero no «laico frente al Islam». Es políticamente incorrecto, pero hay que decirlo. Europa le está permitiendo al Islam lo que no le permite a ninguna iglesia cristiana. Sin ir más lejos: algunos refugiados se niegan a aceptar comida que reparta la «Cruz roja». Esto es así. Algunos Centro de Inteligencia de los gobiernos han dado la voz de alarma: ¿cuántos yihadistas pueden entrar en Europa bajo el paraguas de los refugiados? ¿Los estados tienen que dejar a todos o tienen que guardarse las espaldas? Solidarios y justos sí, pero no ingenuos
Como personas y como cristianos tenemos que tener el corazón y las casas abiertas. Pero que no nos impidan reflexionar y que no nos digan lo que tenemos que pensar.
Está la arista de la islamización. En este complejo y enrevesado mundo moderno, que dicen que debe ser «laico», hay que interpretar o hay que leer entre líneas que debe ser «laico frente a los cristianos», pero no «laico frente al Islam». Es políticamente incorrecto, pero hay que decirlo. Europa le está permitiendo al Islam lo que no le permite a ninguna iglesia cristiana. Sin ir más lejos: algunos refugiados se niegan a aceptar comida que reparta la «Cruz roja». Esto es así. Algunos Centro de Inteligencia de los gobiernos han dado la voz de alarma: ¿cuántos yihadistas pueden entrar en Europa bajo el paraguas de los refugiados? ¿Los estados tienen que dejar a todos o tienen que guardarse las espaldas? Solidarios y justos sí, pero no ingenuos
Como personas y como cristianos tenemos que tener el corazón y las casas abiertas. Pero que no nos impidan reflexionar y que no nos digan lo que tenemos que pensar.
Pedro Fraile
7 de Septiembre de 2015