Salmo 138
1b Te doy gracias,
Señor, de todo corazón;
delante
de los ángeles tañeré para ti.
2 Me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu
lealtad,
porque
tu promesa supera tu fama;
3 Cuando te invoqué me escuchaste
acreciste
el valor de mi alma
4 Que te den
gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al
escuchar el oráculo de tu boca;
5 canten los caminos del Señor,
porque
la gloria del Señor es grande.
6 El Señor es sublime, se
fija en el humilde,
y
de lejos conoce al soberbio
7 Cuando camino entre peligros,
me
conservas la vida;
extiendes
tu brazo contra la ira de mi enemigo
y
tu derecha me salva
8 El Señor completará sus
favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no
abandones la obra de tus manos.
1. Notas textuales. La cabecera se lo atribuye
a David (v. 1 a). El texto presenta una variante interesante. El texto hebreo
dice «delante de otros dioses», mientras que la Biblia griega (LXX) y la
Vulgata, dice «delante de los ángeles». La primera traducción la mantienen algunas
versiones (por ejemplo La Biblia (LB). La segunda la encontramos en la mayoría
de las traducciones modernas.
2. Aspectos literarios. Estamos ante un
salmo de «acción de gracias». El salmo comienza con esta expresión «te doy
gracias Señor (hodû Adonay) que aparece en otros salmos bíblicos.
El
sintagma «dar gracias» aparece hasta en tres ocasiones a lo largo de la oración/poema.
Los dos primeros tienen como sujeto al orante (doy gracias/daré gracias),
el tercero tiene por sujeto «los reyes de la tierra». Destaca igualmente las
referencias explícitas al Señor/Yhwh, en siete ocasiones.
3. Antropología teológica. La acción de
gracias aparece con cierta frecuencia en la oración del salmista. El
agradecimiento es propio de la persona creyente que se sabe «agraciada» por
otro, favorecida de forma gratuita o inesperada por él. En el Libro de los
salmos no es difícil encontrar versos que expresan este sentimiento.
Te
daré gracias de todo corazón, Señor, Dios mío,
Daré gloria a tu nombre por siempre (Sal 86,12)
Te
doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación (Sal 118,21)
Te
daré gracias de corazón, instruido por tus justas decisiones (Sal 119,7)
Te
doy gracias porque eres sublime, tus obras son prodigiosas (Sal 139,14)

4. Lectura espiritual.
El orante tiene muchos
motivos para dar gracias a Dios; nos fijamos solo en un uno: en la misericordia
y fidelidad de Dios que dura por siempre. La misericordia es un tema recurrente
en la Biblia y más en concreto en los salmos. La persona que se sabe
«necesitada», «abandonada» o «descalificada»; aquella que no espera ya de nada
ni de nadie, eleva sus brazos a Dios y se pone en sus manos de misericordia. El
salmo concluye con una súplica muy hermosa, en la que el orante habla de sí
mismo como «obra de las manos» de Dios, y se atreve a suplicarle, como un
pobre, que «no le abandone». Esta no es la oración de alguien soberbio, engreído
y pagado de sí mismo; todo lo contrario, es la oración de una persona que se
«abandona» confiadamente en la misericordia divina.