
Yo no pienso ni en la
primera (broma de mal gusto), ni mucho menos en la segunda (maldición). Pienso
que la tercera es la correcta. Si leemos la Biblia, vemos cómo el ser humano es
un ser vivo que se mueve, que está saliendo continuamente de su casa (de sí
mismo) para adentrarse en caminos inhóspitos e intransitados. El ser humano es
un «homo viator», un eterno caminante. Al andar abre nuevos caminos, nuevas
expectativas.
La Biblia nos dice que
Abrahán provenía de la tierra de Ur (allí en el país de los sumerios, donde hoy
la política nos dice que está Kuwait). Nos dice que marchó con su familia para
establecerse en Harán (Jarán), hoy Siria. Abrahán provenía de las fértiles
tierras de Siria cuando Dios le mandó que se pusiera en camino; de allí se
adentró en el país de Canaán (hoy Líbano, Palestina-Israel) y allí se
estableció en el sur (ciudad de Hebrón). De allí marchó a causa de una hambruna
al país de Egipto, pero regresó de nuevo a la montaña sur de Canaán, donde
murió su esposa Sara y la enterró (encina de Mambré).
Nos cuenta la Biblia que
Isaac, hijo de Abrahán y de Sara, tuvo que elegir esposa; Abrahán le prohibió
que se casara con una lugareña, y le mandó que fuera a buscar una digna esposa
entre sus familiares del norte (Gén 24,3-4). De allí viene Rebeca, de Siria, de
Aram Najaraín (Gén 24,10-66). Rebeca, la siria, se establece en el sur de
Canaán con Isaac.

En resumen: Abrahán y Sara
provienen de Siria (Jarán); Rebeca, la madre de Isaac, es de Siria (Aram
Najaraín); Raquel, la esposa de Jacob, sus once hijos y su hija Dina son de
Siria, de la zona de Padam-Arán. Esto nos puede servir para colegir que el pueblo de Israel tiene en sus orígenes
unos indudables ascendientes sirios. Los estudiosos nos dicen que Israel
tendría dos orígenes, unos los sirios o arameos, y los otros los egipcios, que
provienen por parte de José el hijo de Jacob que llegó a ser visir en la corte
del Faraón.
¿Por qué traigo a colación
este argumento? Nosotros, los occidentales, solemos meter a todos en un mismo
saco. Nos da lo mismo árabes que sirios; afganos que turcos; griegos que
macedonios. No es lo mismo. En esta crisis migratoria se está viendo.
La televisión nos dice que
los ricos árabes del Golfo, los Emiratos que viven de la bendición del
petróleo, son pueblos del desierto que hasta hace muy poco (después de la
primera guerra mundial, que acabó en 1919) no eran sino beduinos que se movían
con sus rebaños de cabras por el desierto. Su cultura es la del desierto. Su
religión la de Mahoma, de la que pretenden ser únicos señores y administradores.
Su historia es la de sus tribus y clanes. El coronel británico Lawrence de Arabia
consiguió engañarlos para que se sublevaran contra los turcos. Esto cuando aún
no tenían petróleo. No tienen nada que ver con los sirios, los hijos de
Abrahán, Isaac y Jacob. Ellos, los árabes de los supermillonarios emiratos, son
los hijos de la esclava de Abrahán, de Ismael. No quieren a los sirios porque son
muy distintos, son desconocidos entre ellos.

Siria es un pueblo rico en
tierras, rico en historia, rico en civilizaciones, rico en culturas, rico en
religiones. ¡especialmente en el cristianismo sirio, del que nadie habla!. Muy
rico en humanidad, pero muy pobre porque está siendo pasto de las fieras
salvajes que lo están arrasando. Nunca he visto imágenes tan duras como las que
están llegando de aquellos parajes. Nunca había retirado la mirada de una foto
hasta que he visto lo que nos llega de aquellas hermosas tierras hoy sometidas
a la barbarie de los sin Dios (porque los que hacen eso no creen en Dios).
La Biblia es un libro de
éxodos: el éxodo de Abrahán de Ur a Jarán y de Jarán a Hebrón; el éxodo de
Jacob a Padam Arán y de allí a Canaán; el éxodo de Egipto y la travesía a la
tierra prometida; el éxodo de los judíos a Babilonia y su posterior regreso. La
Biblia nos enseña que estamos de paso, que la tierra no es de nadie y es de
todos. La Biblia nos enseña que la humanidad está hecha de sangres mezcladas, de
pueblos que se mueven… y también de violencia y de imposiciones.
¿En qué deparará este
nuevo éxodo que proviene de Siria y no se dirige al sur sino a la vieja, cansada
y sin ideas ni ilusiones, Europa? ¿Serán sangre nueva? ¿Serán causa de nuevas
migraciones? ¿Regresarán a su tierra devastada? ¿Nos recordarán que todos somos
«hijos de Abrahán, el caminante?
Pedro Ignacio Fraile
9 de Septiembre de 2015