(Guardado en la página: Jesús, el Cristo de Dios)
Os propongo hacer, a los que
queráis, un ejercicio que resulta doloroso a la vez que necesario. ¿Para qué?
Para hacer de forma personal nuestra trayectoria como cristianos. Sería mejor
hacerlo en grupo, para compartir; y aún mejor ayudados por una persona exterior
a nuestra historia que nos ayudase a distinguir lo que son fantasías de lo que
son aciertos.
Os propongo que hagáis un recorrido
del paso de la persona de Jesús por vuestra vida. Yo hago públicamente el mío.
Me desnudo, si bien evitaré dar datos estrictamente personales e innecesarios.
Si os atrevéis a hacer vuestro propio recorrido, puede que os sorprendáis del
resultado.
El primer recuerdo que tengo yo de
Jesús en mi vida es el «Corazón de Jesús». En mi ciudad natal, como en otras
muchas partes de la España de los años 60, era habitual tener un «Corazón de
Jesús» entronizado en las casas. Aunque muchos se sorprendan, diré que era uno
de los regalos que se hacía a muchos matrimonios católicos en su boda. El que
teníamos en casa (aún lo conservamos), era hermoso, sentado como rey en un
trono, con la bola del mundo a los pies; la cara del «Corazón de Jesús» daba
paz, serenidad. Estaba situado encima de una columna de alabastro con una
lucecita en su interior. Muchas veces mis padres encendían la luz de la columna
que traslucía la débil luz y nos juntábamos todos (padres e hijos) a rezar.
También recuerdo que mis padres nos regalaron a cada uno de los hermanos un
Nuevo Testamento en castellano; la primera traducción, de «Nácar Colunga». Cada
uno lo teníamos con nuestro nombre que mi padre había escrito con una
caligrafía envidiable.
Los años 60 trajeron muchas cosas;
entre otras una revolución, la del 68, de la que sólo nos enterábamos muy
ligeramente en una sociedad tradicional en la que vivíamos. En mi formación, el
primer cambio lo recuerdo en el nombre y en la devoción. Pasó paulatinamente de
ser el «Corazón de Jesús» a ser «Jesús de Nazaret». No era una cuestión baladí.

Los
años 80 fueron definitivos en la experiencia y visión personal de Jesús. Por
una parte la «teología de la secularización» que se leía con avidez en España,
aunque con unos años de retraso respecto a Norte América, de donde había surgido.
Proclamaban «la muerte de Dios»; si Dios «había muerto», ¿qué hacíamos con
Jesús? Por otra parte una distinción de laboratorio que venía de Alemania y que
todos repetíamos como papagayos sin saber bien qué significaba. Decíamos que
había que distinguir entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe». Una
afirmación casi semidogmática en ambientes clericales que con el tiempo se ha desvelado inútil, porque era un diseño artificial
que a la gente sencilla no le aportaba nada. Algunos curas predicaban en sus
homilías el «gran descubrimiento», pero ¿ayudaba a la gente a creer y a poner a Jesús en sus vidas?
Los
años 90 redescubrieron el poder oculto del sentimiento religioso adormecido en
el colectivo humano, pero no extinguido. Cuando los cristianos estábamos
discutiendo entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe», una vez acabada
y enterrada la devoción al Sagrado Corazón, aparece con fuerza la «New Age»,
(la «Nueva Era») que también viene de Norte América. Nos vienen con la mandanga
de que hemos pasado de la «Era de Piscis» (la cristiana), a la «Era de Acuario»
(¿quién recuerda la película «Hair», que comienza precisamente con la canción
de «Acuario»?). Aparecieron en el lenguaje religioso palabras como «armonía»,
«paz interior», «chacras», «mantras»… Ya no se hablaba de «oración», sino de «meditación».
Ya no se habla de «salvación», sino de «realizarse»; ya no se habla de
«compromiso» sino de «serenidad». La verdad es que la New Age no sabe qué hacer
con Jesús, porque le estorba. Por eso lo relega al saco de los «hombres
espirituales» que ha habido en la historia de la humanidad; un «maestro de
espiritualidad», pero no se plantea ni su resurrección, ni su mediación como
salvador, ni nada por el estilo.
Curiosamente,
los atrevidos y nada dogmáticos norteamericanos, a la vez que dan vida a la New
Age, deciden que hay que volver a investigar sobre Jesús. Eso sí: quedan
excluidos los que vayan con planteamientos religiosos previos. No quieren hacer
teología, sino «historia». Son antropólogos, médicos, psicólogos, sociólogos,
historiadores, economistas… que quieren estudiar a Jesús sin «complejos
previos» religiosos. Este experimento se ha llamado la «tercer búsqueda» de
Jesús. Hubo dos «búsquedas» anteriores, pero no es el caso ahora el
explicarlas.
Estamos
en la segunda década del siglo XXI. Los niños y jóvenes de ahora son hijos y
nietos de los que el año 60 rezaban al «Corazón de Jesús» y que luego pasaron
al Jesucristo Superstar, y luego decían que lo importante era el «Jesús
histórico» más que el Cristo de la fe. Mi pregunta, por si alguien la quiere
contestar es: ¿a nuestros niños y jóvenes les importa algo Jesús? ¿Creen que
Jesús es distinto (ya no digo si es más plausible, o más creíble) que Mahoma,
Buda, Confucio? Cuando rezan, si rezan, ¿se dirigen a Jesús? ¿Alguno de ellos
estaría dispuesto a dar la vida por Jesús (recordemos a los mártires)? O sin ir
tan lejos, ¿algunos de ellos se ofrecerían para ser catequista en su parroquia
y explicar a los niños quién es Jesús? Una vez, no hace ni tres años, por
plantear estas preguntas en un grupo de «cristianos viejos» muy convencidos de
ellos mismos y de la solidez de la fe de sus familias, me respondieron
airadamente, como si yo estuviese instigando contra Jesús. No entendieron mi
mensaje, sino que pensaron que «matando al mensajero», o sea, increpándome a
mí, desactivaban las preguntas que yo hacía.
Si
os parece que exagero, os propongo un ejercicio muy sencillo. Lo mejor para
saber si sabemos de algo o no, es ponerlo por escrito sin prepararlo
previamente. Decid a uno de nuestros niños, adolescentes y jóvenes que pongan
en una hoja lo que saben de Jesús. Estoy convencido de que más de uno se
sorprendería.
Tarea
para los mayores. Que los que se atrevan «dibujen» su relación con Jesús y
respondan a esta pregunta: ¿sigue siendo Jesús importante para mí, como lo fue
en mi infancia y juventud? Hoy es el día del Corazón de Jesús; hoy quiero
volver al Jesús de mi infancia, de mi adolescencia, de mi primera juventud y de
mi vida adulta, pero con los ojos, la vida acumulada y el corazón que tengo
hoy.
Pedro Ignacio Fraile
Yécora
7 de Junio de 2013