Hoy celebramos en la liturgia de la Iglesia católica la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz; popularmente la fiesta del «Cristo de Septiembre». La cruz sigue siendo motivo de burla y de escándalo, como ya nos lo recuerda san Pablo; de ridículo ilógico e incluso sádico para los laicistas; de fiesta popular para muchos. Para los cristianos de a pie, motivo de espiritualidad; para los cristianos de «frontera y trinchera», patíbulo donde les siguen crucificando realmente, no simbólicamente. No tenemos más que ver las fotos que nos siguen llegando de Siria.

En los inicios de la
Iglesia el mundo del mediterráneo culto estaba habitado principalmente (¡no
solo ellos!) por habitantes de cultura grecorromana y de cultura semítica,
principalmente la hebrea. Cuando Pablo predica la cruz, ni unos ni otros la
aceptan. Los de cultura grecorromana dicen, ¡vaya necedad! ¡Pero qué bobada es
esta de que alguien salva muriendo en una cruz! ¡no hemos oído una filosofía
más ridícula en nuestra vida! Los judíos, que esperaban la llegada del Mesías
de Dios (como lo siguen esperando aún hoy), argumentaban: ¡esto es un escándalo
inaguantable! ¡No podemos admitir que al Dios del Cielo, el Todopoderoso, el
Santo, muera como un asesino o un delincuente! Lo dicho, Pablo se quedó solo
anunciando la muerte de Jesús en la cruz con carácter salvador (1Cor 1,22-24). Pablo
anuncia la muerte entregada de Jesús y su resurrección que lleva a la vida
plena. Con otros argumentos, hoy muchas filosofías laicistas dicen algo
parecido: si el ser humano busca la felicidad, el camino no puede ser el de la
cruz. No es un tema cerrado; ahí está.
¿Solo argumenta así la
filosofía laicista? En absoluto. No faltan personas bautizadas, incluso dicen
que son cristianos, que proponen una vida espiritual sin cruz. La cruz les
molesta porque no saben qué hacer con ella. Piensan que es un obstáculo para
llevar una vida espiritual, para que el cristianismo sea hoy atractivo y
atrayente a los ojos del mundo. Hay que limar asperezas con otras
espiritualidades para llegar a una espiritualidad global, holística,
planetaria… Hay que liberarse de antiguas tradiciones que solo nos provocan
peso y enojo. A estos «nuevos cristianos» de «espiritualidad global» lo primero
que les sobra es la cruz de Jesús. Les interesa el Jesús sabio, el fraterno, el
místico, el Cristo integrador de espíritus diversos… pero no saben qué hacer con
el dolor real y con la espiritualidad de la muerte entregada hasta el final.
La cruz es molesta también,
incluso ofensiva, para gente que no tiene planteamientos espirituales de ningún
tipo. Espirituales no, ¡pero sí ideológicos! Una anécdota: un amigo mío va el
primer día a su puesto de trabajo, en un pueblo de Aragón, no en un lugar
extraño. El que le contrata ve que lleva una cruz al cuello y le dice: «Ya te
estás quitando eso». Mi amigo le dijo que no pensaba en hacerlo; se plantó. Hoy
mi amigo se ha ganado el respeto de todos, y nadie le dice que se quite la
crucecita que lleva en el cuello cuando está en su puesto de trabajo. Cosas de
la vida.
La cruz es una dificultad
para la teología, y para la espiritualidad. En efecto, ¿podemos decir que
creemos en un Dios amor si a continuación confesamos que su Hijo muere en la
cruz por obediencia filial a su Padre? La teología se lo plantea, lo discute, y
nos dice que sí. Que el verdadero amor solo puede ser oblativo; los demás, los
de color de rosa y suave olor, son de «sueños de adolescencia perpetua» y de «papel
couché» (esto último lo digo yo, no la teología). La cruz es una dificultad
para la espiritualidad, pues si lo que el ser humano busca sin descanso es la
«realización» («yo quiero realizarme»), la «felicidad» («yo lo que quiero es
ser feliz»), ¿quién se atreve a proponer una felicidad que pase por el dolor,
la entrega, la renuncia?
La teología y la
espiritualidad no están hechas para desarrollar nuestras argumentaciones fáciles,
débiles y blandas, sino para hacernos preguntas rocosas, para adentrarnos en
caminos duros para la experiencia e insospechados para nuestra inteligencia.
Para la vida espiritual y para la reflexión teológica hace falta coraje, no
cataplasmas que alivien nuestros dolores o carencias.

Fiesta de la Exaltación de
la Santa cruz. Oremos por todos las personas que sufren en este mundo. Oremos
por los cristianos que hoy son crucificados en Siria e Irak. Oremos para hacer
un mundo de perdón y de misericordia. ¡Señor Jesús, ten compasión de nosotros!
Pedro Ignacio Fraile Yécora
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
14 de Septiembre de 2015