El texto de los discípulos de Emaús sigue siendo paradigmático en la invitación a la fe por parte de
la Iglesia:
“El encuentro de los
discípulos de Emaús con Jesús, descrito por el evangelista Lucas (cf. 24,13-35), representa en cierto
sentido el modelo de una catequesis en
cuyo centro está la «explicación de las Escrituras», que sólo Cristo es capaz
de dar (cf. Lc 24,27-28), mostrando en sí mismo su cumplimiento. De este modo, renace
la esperanza más fuerte que cualquier fracaso, y hace de aquellos discípulos testigos convencidos y creíbles del
Resucitado”
(Benedicto XVI, Verbum Domini §74).

Proponemos una lectura
inicial del «encuentro de Emaús» en tres puntos:
·
Jesús sale al encuentro
·
Jesús explica las Escrituras
·
Del encuentro nace la misión
1. Jesús sale al encuentro
¿De qué habláis? Lucas
no presenta a un Jesús sermonero, sino a alguien que saca la conversación de lo
que les pasa. La primera palabra es ¿Qué tal estás? ¿Cómo te va la vida? ¿Qué
te preocupa? Jesús se hace el encontradizo, nos busca en el camino de la vida,
en lo que nos preocupa a cada uno de nosotros.
‘Lo de Jesús…’
Todos nosotros los que estamos aquí reunidos podríamos hablar de Jesús un buen
rato. Ahora bien, ¿yo ‘sé decir cosas acerca de Jesús’, o ‘yo tengo experiencia
de Jesús como salvador en mi vida? Los discípulos de Emaús conocían a Jesús.
Habían convivido con Él. Pero no habían tenido la experiencia de que Jesús está
vivo, de su Resurrección. Ellos ‘andaban por el camino’, ‘Jesús se les acercó’,
‘pero no lo reconocieron’. Los ‘ojos del cuerpo’ los tenían bien. Pero los
‘ojos de la fe’ estaban ciegos.
‘Fue un profeta’.
Hay muchas personas que saben cosas de Jesús pero no aceptan que sea el Hijo de
Dios. Por eso, cuando tienen que hablar de él dicen que ‘fue un profeta’, pero
nada más. Reconocen a un gran hombre, pero no a aquel que nos ha salvado. Hay
grupos religiosos, que lo admiran por lo que hizo o dijo, por la forma en que
murió. Pero para ser cristianos no basta. Hay que afirmar y creer que Jesús, es
el ‘Hijo de Dios’.
Es verdad que…
Aquellos hombres lo vieron colgando del madero. Lo vieron morir, y se
asustaron. Todo ha sido un fracaso y lo mejor es que cada uno se vuelva a su
casa. Esa es la gran tentación que tenemos hoy muchos cristiano: ver a Jesús
como un personaje del pasado, fracasado, o que al menos ya no es significativo
en esta sociedad.
2. Jesús explica las Escrituras
Las ‘Escrituras’ deben
ser explicadas. No en vano son de una cultura ajena a la nuestra (nosotros
somos herederos de la filosofía racionalista de los griegos, del mundo jurídico
de los romanos) y la Biblia habla con una mentalidad propia de los pueblos del
Próximo Oriente: llena de fantasías, llena de coloridos, llena de narraciones
espléndidas… Además la Biblia fue escrita hace más de dos mil años. Para
entender la Biblia hay dos ‘claves’ que no pueden fallar. Que son como la
‘llave de acceso’ a los misterios que contiene.
La primera es que es
una Historia de Salvación. Lo importante no son los datos sueltos que a veces
nos despistan de lo importante. La Sagrada Escritura nos dice que Dios tiene un
plan de salvación y que lo va llevando adelante, a pesar de todas las dificultades
(pecados) que aparecen a lo largo de la Historia. Es la salvación de un pueblo,
y es la salvación de las personas. De cada uno de nosotros. La Biblia habla de
mí, porque yo también quiero ser fiel a Dios a pesar de las dificultades como
Abrahán, o porque yo también tengo que atravesar desiertos en mi vida como
Moisés.
La segunda clave es que
Cristo es el verdadero intérprete de la Biblia. ¿De quién hablan los oráculos
del Emmanuel del Tiempo de Adviento? ¿De quién habla los Cantos del Siervo del
profeta Isaías? ¿A quién anuncian los grandes hombres bíblicos cuando nos dicen
que Dios no abandona a su pueblo y que enviará a un Mesías? A Jesucristo.
‘Quédate con
nosotros’. Los que le invitan a quedarse con ellos, son sin que se den
cuenta los invitados a la mesa. A veces pensamos que somos nosotros los que
invitamos a Jesús; pero es Él el que nos invita a nosotros. La iniciativa es
siempre suya. Nosotros le necesitamos a Él, necesitamos alimentarnos con su
cuerpo. Cuando vamos, él ya tiene la mesa preparada y nos parte el pan.
‘Le reconocieron al
partir el pan’. A Jesús se le reconoce en el camino de la vida, en las
Escrituras y en la Eucaristía. La fe es necesaria en los tres casos ¿Por qué
reconocer que en esa persona débil está presente Jesús invitándonos a que nos
acerquemos? ¿Por qué creer que en unos textos antiguos está Jesús invitándonos
a que le conozcamos más? ¿Por qué creer que Jesús se hace presente en un poco
de pan y de vino? Porque está vivo, porque no es un personaje de la historia
pasada. Él mismo es que nos parte el pan.
3. Del encuentro nace la misión
¿No ardía nuestro
corazón? Fijaos el cambio. Los mismos que al comienzo del texto estaban
cariacontecidos, hundidos… ahora dicen que el corazón les arde. No dicen que la
cabeza lo entienda todo, sino que su vida ha sido ‘tocada’ por una experiencia
distinta. No basta con ‘conocer’ la historia de Jesús, sino ‘reconocerlo’. De
aquí nace la misión. Cuando se vive el gozo de Cristo Resucitado, se sale con
alegría desbordante a proclamarlo, a decirlo, porque no se puede callar. Lo
demás es ideología. El futuro de la Iglesia no depende de las ideologías, sino
de la fe en Jesús Resucitado.
Volvieron donde
estaban los Doce. A veces pensamos que la fe es un camino individual:
’Tengo que ser feliz’, o ‘tengo que realizarme’, o ‘tengo que hacer mi
proceso’. Esto puede ser bueno y necesario, pero no agota la fe cristiana. La
fe cristiana es fundamentalmente comunitaria. No consiste en que yo solo me
salve o que yo solo sea feliz. Es un camino que emprendemos todos y al que
estamos llamados todos.
Pedro Fraile
LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS (Lc 24,13-35)
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel
mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante
unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había
sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se
puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de
reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que
traéis mientras vais de camino?»
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1) Jesús
se pone a caminar con ellos.
-iban
comentando
- Estaban ‘ciegos’
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Les pregunta por la vida, lo que les preocupa
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Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de
ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en
Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
- Él les preguntó:
«¿Qué?»
- Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el
Nazareno, que fue un «profeta» poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante
todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para
que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él
fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió
esto.
Es verdad que algunas mujeres de nuestro
grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no
encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una
aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los
nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las
mujeres; pero a él no lo vieron.»
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2) Expectativas
Frustradas:
- fue un
«profeta»
-‘nosotros
esperábamos…’
Visión
incompleta y parcial: «profeta» poderoso; un hombre bueno, pero lo
mataron y todo se acabó…
La
Resurrección
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Entonces Jesús les dijo:«¡Qué necios y torpes
sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el
Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo
por los Profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
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3) ¿Quién es Jesús?
Jesús es el Mesías esperado (cumple la Ley y los profetas)
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Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo
ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con
nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse
con ellos.
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4)
Súplica
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Sentado a la mesa con ellos,
tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les
abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
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5)
EUCARISTÍA
- lo reconocieron
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Ellos comentaron:
— «¿No ardía nuestro corazón mientras nos
hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a
Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que
estaban diciendo:
—«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha
aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado
por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el
pan.
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6)
Comprensión, comunión y misión
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Entienden las Escrituras
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Vuelven a Jerusalén
- Cuentan todo lo que les ha sucedido
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