
Leemos el
evangelio de san Juan: Y salió Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato
les dijo: Ecce homo -¡Este es el hombre!- (Jn 19,5).
La expresión latina ecce homo se
refiere a Jesús. Pero no a un Jesús triunfante, divertido, socarrón o
prepotente; no. El ecce homo es el
Jesús débil, impotente, sufriente y foco de todas las burlas de la soldadesca y
de los allí presentes. Pilato, sin querer, hizo teología. Al señalar a ese
hombre destrozado y decir que en él estaba «el hombre», lo que estaba diciendo
es que el ser humano no es solo poder, belleza, admiración, fuerza y potencia.
El ser humano se nos dice en plenitud en su debilidad, fragilidad, pequeñez y
necesidad. En su saberse débil y necesitado de abrazo, de perdón, de apoyo. Las
personas somos muy frágiles; somos muy débiles. Esta es nuestra verdad. El ser
humano omnipotente, violento y socarrón no dice la verdad de la condición
humana.

Una pregunta directa a ti que lees estas líneas ¿qué has pensado cuando has
visto en los medios de comunicación la foto del niño-ecce homo Omrán? ¿Has gritado contra la violencia del ser
humano? ¿Has dicho en el fondo de tu corazón que tú no quieres ser violento?
¿Has protestado contra todos los brabucones, sanguinarios, prepotentes y sin
alma que no dudan en que la guerra sea un negocio?
El ecce homo de Borja es una tristeza,
porque no es justo que el rostro de Jesús se haya transformado en motivo de
burla y chanza. El ecce homo del niño
Omrán es una denuncia de todos nosotros. Hoy, en el siglo XXI, los nuevos
Pilatos siguen presentando a la atención pública la verdadera condición humana:
la fragilidad y el dolor sin límites.
Pedro Ignacio Fraile
Yécora
19 de Agosto de 2016