«Dios nos libre del día de las alabanzas», se dice por mi tierra,
que es la de Gonzalo, la aragonesa. Este dicho popular es elocuente, pues en
los elogios fúnebres se hincha la figura del difunto hasta hacerla
irreconocible.
Sin querer excederme, quiero dar gracias a Dios por la vida y la
obra de este humilde hijo de campesinos, de las duras tierras del campo de
Daroca que frisan con las de Guadalajara; de las altas y frías tierras de los
llanos de Cubel y Aldehuela de Liestos, cerca del Campo Bello de Teruel.
Gonzalo nació en Torralba de los Frailes, un pueblo donde hay que ir de propio,
porque está adentrado en las tierras altas y frías del límite entre Zaragoza,
Guadalajara y Teruel.

Desde el punto de vista académico e intelectual, Gonzalo era un
especialista mundial en apocalíptica del Antiguo Testamento, en concreto del
libro de Daniel. Los grandes diccionarios bíblicos recientes contaban con su
pericia y su sabiduría para que nos explicara en pocas palabras el «Libro de
Daniel». Personalmente tengo otros recuerdos, todos buenos, que no creo que sea
necesario traer a colación.
Gonzalo, nos dejas un poquito más solos porque no tenemos ya tu
cercanía de amigo; un poquito más empobrecidos, pues no podemos recurrir a tu
sabiduría vasta y precisa a un tiempo, un poquito más necesitados, pues ya no
podremos echar mano de tu apoyo sincero.
Que el Hijo del hombre, como diría el libro de Daniel en su
capítulo 7, que tantas veces comentaste, el Señor resucitado, te dé la vida
junto a él. Que la Virgen de «Guía al Guererro», patrona de tus tierras, te
cubra con su manto. Descansa en paz. Requiescat in pace. Amén. Aleluya.
4 de Abril de 2016
Anunciación del Señor
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