18 febrero, 2026

AYUNO, LIMOSNA Y ORACIÓN.. COMO DISCÍPULOS DE JESUS

 Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18

 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis  cabizbajos, como los hipócritas, que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu

Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

 


Comentario

 

Oración, limosna y ayuno son tres de los pilares de las liturgias penitenciales presentes en las Escrituras. Con el ayuno, Israel descubre que el Señor es el fundamento de su vida. Con la limosna toma conciencia de que debe compartir unos bienes que Dios le ha puesto en sus manos. Con la oración se une al Dios de la vida. Ahora bien, como en otras tantas experiencias religiosas, lo que en sí es un valor, puede tornarse en perversión si el ser humano lo trastoca con sus intereses. La naciente comunidad judeocristiana de Mateo vive una situación de hostilidad por parte de la sinagoga. Jerusalén ha sido destruida; grupos importantes del pueblo judío, como los saduceos o los esenios, han desaparecido, y los fariseos toman las riendas de la situación. Las palabras que pone Mateo en boca de Jesús son incisivas. A la vez que una denuncia a las falsas actitudes religiosas de la época, es una llamada de atención a la comunidad naciente para que su posición interior ante la oración, la limosna y el ayuno se realicen con un espíritu nuevo. Jesús no niega su valor, sino que los coloca en su justo punto. Limosna sí, con justicia, no para buscar la honra humana ni menos aún para justificar formas escandalosas de vida. Oración sí, con honestidad, no como una pose de falsa piedad o para querer construir una falsa existencia ante Dios. Ayuno sí, adorando solo a Dios y no a los ídolos; ayuno de todo lo que es inhumano. No aparentéis, no llevéis doble vida, no busquéis el reconocimiento de la gente, no seáis falsos, no hagáis de un gesto de reconocimiento al Dios de la misericordia una propaganda de vosotros mismos. Jesús no pide derribar los tres pilares, sino darles su justa medida y su significado apropiado, que toma su luz del Evangelio.