28 junio, 2014
FRANCISCO - EL MINISTERIO PETRINO DE OTRA FORMA
Comparto con vosotros este video del papa Francisco por si no lo conocéis.Mañana es san Pedro y san Pablo.
Sin duda, una buena felicitación para los que nos sentimos en la misma barca que Pedro.
http://www.youtube.com/watch?v=oVCrfNqQLWQ#t=13
16 junio, 2014
EL PAN QUE AMASAMOS, COMEMOS Y COMPARTIMOS
CORPUS CHRISTI
1.
Pan que alimenta.
La palabra «pan» tiene la capacidad de hacernos recordar el alimento
sustancial, básico, fundamental; al menos, en la cultura mediterránea, a la que
pertenece Jesús. En otras culturas deberían buscar otro alimento que sea de
todos, del pueblo llano, que sea básico y a la vez que sea definitivo. La
palabra ‘pan’ tiene esa capacidad evocadora y sintetizadora a la vez: le
pedimos a Dios que nos dé el «pan de cada día». El obrero «tiene derecho a su
pan». La mayor injusticia es «negar el pan y la sal».

2.
Pan que se parte.
El pan suele cocerse en bollos o tortas medianas o grandes. ¡hay que partirlo
en pedazos! El padre de familia, en las culturas tradicionales, tiene la misión
de ‘partir el pan’. Jesús mismo, parte el pan en los relatos de la
multiplicación; parte el pan en la última cena y una vez resucitado, parte el
pan a los discípulos de Emaús.
De nuevo aparece la imagen y el símbolo que se
unen a la persona de Jesús: Jesús mismo «se parte», porque su vida se entiende
desde la entrega y desde el «ser para los demás». El pan se parte para «ser
comido»; el sentido último de la vida de Jesús es «ser comido» por aquellos que
se acercan con necesidad a él.
3.
Pan que se comparte.
El pan es del que lo trabaja, es de quien lo vende y de quien lo compra; y es
también de los pobres que no pueden adquirirlo. Es, como dice la tradición
cristiana «el pan de los pobres». El sentido humanitario inscrito en el corazón
del hombre y, más aún, el sentido cristiano, hace que entendamos que el pan no
es para almacenarlo o para que se endurezca en nuestras despensas, sino para
que se alimente la humanidad. Deja de ser «mío» para ser «de los que lo
necesitan».
Jesús no es para unos pocos que tienen acceso a él; menos aún es
para un grupo de «selectos»; es para ser alimento y ser comido por el ser
humano pobre, hambriento, necesitado.
La vida está en alimentarse, está en
partirse existencialmente y está en aprender a compartir.
Los judíos que le escuchan no le entienden; se ponen a discutir qué significa:
¿no está proponiendo Jesús algo parecido a la antropofagia? ¿no está Jesús casi
loco?
Jesús no está fuera de sí; Jesús nos indica el camino para entrar en la
plenitud de la vida: la plena comunión con él.
CORPUS
DE VIDA
Eres audaz y
provocador,
Señor Jesús.
Podías habernos
dicho
Que siguiéramos tus
consejos,
Que tomáramos buena
nota
De tus mensajes y
decisiones.
Podías habernos
explicado
Hermosas teorías
sobre el mundo,
Sobre el ser
humano,
Sobre el sentido de
las cosas.
Nos podríamos haber
sentido
Satisfechos y
orgullosos
De ti, ¡un buen y
sabio maestro!
Pero nos
descolocas:
Hablas del pan, que
alimenta,
Se parte y se
comparte… ¡y se come!
No dices que
tenemos que comer
Cualquier pan, sino
que
Tenemos que comer
de «tu pan»,
Que tenemos que
«comerte a ti».
Porque tú mismo
eres el «pan de vida»
Pedro
Ignacio Fraile Yécora
12 junio, 2014
LA TRINIDAD...¿CREEMOS EN DIOS?
1. UNA MIRADA A NUESTRO ALREDEDOR:
PAPÁ, MAMÁ, HÁBLAME DE DIOS
Voy
a soñar con los ojos abiertos. Un niño de nuestros pueblos o ciudades, de estos
comienzos del siglo XXI, acostumbrado a ver la tele, a tener una «tablet» para
jugar, a ir al colegio con más de lo necesario, a tener en el frigorífico todo
lo que le apetece y más, a usar un teléfono móvil de última generación… Este
niño, digo, un día le dijo a su padre y a su madre: «papá, mamá, háblame de
Dios».
Lo
que digo puede ser muy ingenuo, muy simple, muy enternecedor dicho por un
hombre creyente que pasa la cincuentena. Pero hago esta pregunta: ¿quién habla
hoy de Dios? ¿Alguna vez nos hemos propuesto hablar de Dios a nuestros hijos,
sobrinos, nietos, sin que ellos nos preguntaran? ¿Sólo se puede hablar de Dios
en un ámbito de catequesis o de celebración litúrgica? ¿Esperamos a que los
niños nos pregunten, y si no nos preguntan, no les decimos nada?
Puede
haber varias razones. Una, la más corriente y probable, es que no sabríamos qué
decir. Porque de Dios sólo habla bien Dios, y la persona que lo «conoce», porque
lo vive desde muy dentro. De Dios no habla bien ni el teórico, ni el ideólogo,
ni el profesional de la religión. Sólo el creyente que reza y ama sabe hablar
bien de Dios. Otra razón, más elaborada, es la que repite la letra de aquella
canción de hace unos años sobre la educación de los hijos que «cargan con
nuestros dioses y nuestro idioma, nuestros rencores y nuestro porvenir». Para
el autor de esta letra, la transmisión de la fe sería algo así como «cargar con
nuestra mochila a nuestros hijos, incluyendo los mitos, dioses, ritos…». ¿De
verdad es eso «hablar de Dios»?
Nunca
han sido tiempos fáciles para la fe cristiana. Hace siglos porque bien otras
confesiones religiosas (Islam preferentemente) se oponían con vigor, bien
porque los ilustrados de cada momento oponían la «diosa razón» al Dios de
Jesús. Los riesgos hoy vienen por otro sitio: no hablamos de Dios sencillamente
porque no lo necesitamos (al menos eso creemos); o si lo necesitamos, queremos
que sea un «ídolo» a nuestro uso y alcance, no soportamos al Dios personal que
nos busca, nos habla y nos interpela. Para algunos más «leídos» es una
proyección de nuestros deseos y una solución para nuestros miedos atávicos; un
producto de nuestra mente y una fuerza a la que hay que dominar. Pero ¿ese es
el Dios cristiano? ¿Ese es el Dios que se revela en la Biblia? ¿Ese es el Padre
de Jesucristo?
La
realidad es que Dios ha salido de nuestras vidas. Sea por desconocimiento, por
no saber qué decir; sea por desinterés, porque no creemos que aporte nada creer
en él, la realidad es que hoy no se le «ataca», en una especie de «ateísmo
militante», sino que sencillamente se ignora. Por eso, en este domingo de la
Santísima Trinidad podemos pensar: ¿en qué Dios creemos? ¿Nos atrevemos a
hablar de Dios?
2. EXÉGESIS DE LAS LECTURAS DEL DOMINGO
Lectura del Libro del ÉXODO 34, 4b‑6. 8‑9
En aquellos días, Moisés subió de madrugada
al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos
tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés
pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: Señor, Señor,
Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Moisés
al momento se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: si he obtenido tu favor,
que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona
nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.
Palabra de Dios
La
Biblia, si bien recoge distintas manifestaciones de Dios (teofanías), su
finalidad no es hablar sobre lo divino, sino revelar quién es Dios y cómo es
Dios. ¿Cómo es el Dios bíblico? ¿Cómo se manifiesta? ¿Es semejante a otras
divinidades que exigen sacrificios humanos o que se muestran versátiles y
caprichosos? El libro del Éxodo nos
presenta la revelación del Sinaí. Es una revelación «cara a cara»; es una
revelación de Dios, una revelación de Moisés y una revelación del pueblo. El
Señor Yhwh toma la iniciativa; es él quien manda subir a Moisés para hablar con
él; no es un Dios lejano, sino próximo al ser humano, un Dios de presencia: «se
quedó con él allí». Es una presencia que invita a la adoración; la cercanía de
Dios no es contraria a su misterio que nos sobrepasa. Dios es un Dios cercano,
a la vez que no se confunde con la criatura; el ser humano le debe tributar adoración
y reverencia. Es una presencia cercana que posibilita la súplica: Moisés
intercede por su pueblo. Los títulos que acompañan el nombre de Dios y lo
revelan son cinco: «compasivo; misericordioso; lento a la ira; rico en
clemencia y lealtad». Todos destacan que es un Dios que busca al hombre para
favorecerle, no para destruirle, a pesar de que Moisés dice que el pueblo es
«duro de cerviz», necesitado de «perdón» y huérfano. La Escritura nos hace entrar en un misterio de grandeza y de compasión
más que de un Dios de terror.
Lectura de la segunda carta del Apóstol San
Pablo a los Corintios 13, 11‑13
Hermanos :
Alegraos, trabajad por vuestra perfección,
animaos; tened un mismo sentir y vivir en paz. Y el Dios del amor y de la paz
estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso santo. Os saludan todos
los fieles. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la
comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros.
Palabra de Dios
Leemos el final de la segunda carta de san
Pablo a la comunidad de Corinto y su correspondiente despedida que concluye en
una confesión de fe trinitaria. Es un testimonio precioso de la fe del apóstol
en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se trata de la única confesión de
fe trinitaria en su sentido más preciso y estricto que aparece en san Pablo
(Mateo tiene una propia al acabar su evangelio) si bien el apóstol refleja
continuamente en su teología la voluntad salvífica del Padre, que ha entregado
por amor a su Hijo, que ha manifestado su voluntad salvífica universal en la
Resurrección, que nos concede en el Espíritu el nacimiento a una vida nueva.
Esta fórmula del apóstol ha pasado a la liturgia de la Iglesia en el saludo
eucarístico.
Lectura del santo Evangelio según SAN JUAN 3,
16‑18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo
único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida
eterna.
Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para
condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que
no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de
Dios.
Palabra del Señor
En la confesión de fe decimos que creemos en Dios que ha creado el
mundo, donde el ser humano es el culmen de su creación. Pero, ¿para qué nos
crea Dios? ¿Nos puede crear y después condenar? San Juan proclama sin ambages
su fe en el plan amoroso de Dios. Como exceso del amor de Dios, como muestra
definitiva y última de su voluntad, como expresión de quién es Él y de cuál es
su proyecto sobre la humanidad, se ha revelado en Jesús. El amor del Padre se
hace patente en la entrega de su propio Hijo; no es una entrega del Dios sádico
que se goza en la sangre del Hijo, sino en el amor desbordante de Dios que no
se reserva nada para sí sino que se vacía. La voluntad del Padre es que toda la
creación y toda la humanidad lleguen a su culminación; que nada se pierda.
Creación y salvación deben ser comprendidas como una realidad única. Está el
misterio de la libertad; se puede ‘creer’ o ‘no creer’ en el Hijo. El hombre
tiene una palabra que decir en su libertad soberana; pero Dios ya la ha dicho
en la entrega del Hijo en un acto supremo de amor.
Pedro Fraile
3. NOTAS PARA UNA HOMILIA
DIME CÓMO VIVES Y TE DIRÉ EN QUÉ DIOS CREES
Dios
forma parte de la esencia de cualquier «religión». «Religión» tiene que ver con
«religación». No podemos decir lo mismo de cualquier experiencia
espiritualista, pues nos podemos encontrar con personas inmersas en formas
espiritistas o espiritualistas, pero que no creen en Dios o no viven en su
presencia. Tres pasos en nuestra reflexión.
Saber «sobre» Dios. En una cultura que
valora mucho el «saber», el tener «conocimientos», podemos preguntarnos qué
sabemos sobre Dios; qué podemos decir sobre él. De la misma forma que podemos
elaborar un discurso o ponencia sobre historia, política, sociedad, arte o
psicología, también podemos articular una propuesta coherente sobre el problema
de Dios y su misterio. Pero ¿es lo mismo tener conocimientos sobre Dios que
creer en él?
Saborear a Dios. Cuando hablamos de
Dios tenemos que recurrir necesariamente al mundo de la experiencia, propia y
ajena. Nos faltan las palabras y aun sin querer usamos símbolos; no podemos
ofrecer fotos ni dibujos de Dios y nos servimos de imágenes aproximativas a un
misterio que nos envuelve y a la vez nos desborda. Es una presencia y una
realidad que, cuando se ha hecho vida, no se olvida, porque no es una «lección
aprendida», sino una parte viva de lo que somos y sentimos. Por eso, más que
«saber sobre Dios», lo que necesitamos es «saborear a Dios».
Confesar a Dios. La fe cristiana es
confesante y a la vez es moral. El cristiano cree en Dios «en» la Iglesia y
«con» toda la Iglesia, y a la vez se compromete en su día a día con la fe que
profesa. Para un cristiano, la fe que profesa en un Dios cercano e íntimo,
misericordioso y compasivo, libertador y justo, la vive en su pequeño mundo.
Dios es Padre de todos, es el Hijo amado revelado plenamente en Jesús, es el
Espíritu vivificador y dador de vida. Dios es comunidad que ama, y sólo se tiene
acceso a Dios desde el amor. Sólo el que ama puede «saber» de Dios, «saborear a
Dios» y vivir según la voluntad de Dios.
4. PARA ORAR
HÁBLAME DE DIOS
Dije al almendro: háblame de Dios
y el almendro floreció,
Dije al pobre: háblame de Dios,
y el pobre me ofreció su capa.
Dije al sueño: háblame de Dios
y el sueño se hizo realidad.
Dije a un campesino: háblame de Dios
y el campesino me enseñó a labrar.
Dije a la naturaleza: háblame de Dios
y la naturaleza se cubrió de hermosura
Dije a un amigo: háblame de Dios
y el amigo me enseñó a amar.
Dije a un pequeño: háblame de Dios
y el pequeño sonrió.
Dije a un ruiseñor: háblame de Dios
y el ruiseñor se puso a cantar.
Dije a la fuente: háblame de Dios
y el agua brotó.
Dije a mi madre: háblame de Dios
y mi madre me dio un beso en la frente.
Dije a la gente: habladme de Dios
y la gente se amaba.
Dije a la voz: háblame de Dios
y la voz no encontró palabras.
Dije al dolor: háblame de Dios
y el dolor se transformó en agradecimiento.
Dije a la Biblia: háblame de Dios
y la Biblia no paró de hablar
Dije a Jesús: háblame de Dios
y Jesús rezó el Padrenuestro.
Dije temeroso al sol poniente: háblame de Dios
y el sol se ocultó sin decirme nada.
Pero al día siguiente al amanecer,
cuando abría la ventana, ya me volvió a sonreír.
06 junio, 2014
SIN EL ESPIRITU, CON EL ESPÍRITU
S in el Espíritu Santo, Dios queda muy lejano:
Cristo es una figura del pasado,
y el Evangelio no es más que una organización.
la autoridad es cuestión de propaganda,
y el amor cristiano una moral de esclavos.
Pero, con el Espíritu Santo el mundo resucita
y crece con los dolores de parto del Reino.
Cristo resucitado está realmente aquí,
y el Evangelio tiene poder de dar vida.
La Iglesia manifiesta la vida de la Trinidad,
la autoridad es una sabiduría liberadora,
la misión es un Pentecostés,
la liturgia es a la vez memoria y anticipación
las obras de los hombres son divinas.
Metropolita
IGNACIO DE LATAKAIA,
en la Asamblea del Consejo Mundial
de las Iglesias. Uppsala. 1968
05 junio, 2014
PENTECOSTÉS: ACTIVOS, CREATIVOS Y ARRIESGADOS
Luisa y Blas son unos
«viejos cristianos». Eso no es lo malo. Lo malo es que se han convertido en
unos «cristianos viejos». Han gastado lo mejor de su juventud y de su
matrimonio en la Iglesia comprometidos con el evangelio. De jóvenes
pertenecieron a grupos parroquiales; vivieron con fuerza e ilusión el Concilio
Vaticano II; les explicaron que tenían que ser «militantes»; y ahí estaban
ellos gastando sábados, domingos y algunos días entre semana para «hacer presente
el Reino». Se casaron con gran alegría de los «comilitantes cristianos». Los
hijos les salieron preciosos: listos y educados; hablan lenguas y conocen el
extranjero como la palma de su mano; son ecologistas, solidarios y pertenecen a
una ONG; pero dicen que «no son cristianos». Luisa y Blas se miran uno al otro
y lloran en silencio: ¿qué hemos hecho mal? Ellos seguían metidos hasta las
cejas en los grupos parroquiales, en la catequesis, en Caritas… y sus hijos les
«respetaban», pero no compartían lo que pensaban ni lo que hacían sus padres.
Si aparecían según qué temas en la comida familiar era «la guerra de Corea». O
sea, mejor no hablar de temas espinosos para salvar la «paz familiar».
Hace unos veinte años el papa Juan Pablo II
convocó a una «nueva evangelización», y ellos, voluntaristas y fieles, se
apuntaron aunque ya les quedaban pocas fuerzas: ¡hay que evangelizar de nuevo!
¡Nuevas formas! ¡Nuevos impulsos! Los gritos de la «nueva evangelización» se
fueron apagando poco a poco, sin que nadie supiera bien qué hacer ni cómo
«hacer efectiva» esta propuesta. Después del breve e intelectual pontificado de
Benedicto XVI, ha aparecido con la fuerza de un torbellino un papa argentino.
La verdad es que no dice cosas raras. Solo cita al evangelio y dice que ser
cristiano es una alegría. Que ser cristiano merece la pena y que tenemos muchas
cosas que aportar al mundo desde nuestra fe en Jesús. Además tiene ideas
arriesgadas, ¡y le hacen caso!, porque ha descolocado a los grandes y potentes
y paniaguados mandatarios de este mundo. Este día de Pentecostés de 2014 ha
invitado a los presidentes de Israel y de Palestina al Vaticano, allí, a la
Santa Sede, a rezar y a hablar. ¡Van a ir!

Todos los años celebramos Pentecostés. Es la gran
fiesta de todos los «Luisas y Blases» de nuestras parroquias, de nuestros
grupos, de nuestras asociaciones que quieren vivir en la Iglesia con el
evangelio como «hoja de ruta». Ya sabéis, es Pentecostés, hay que recuperar como
en los años de la juventud el ser «activos, creativos y arriesgados».
Pedro Ignacio Fraile - Pentecostés 2014
http://pedrofraile.blogspot.com.es/
04 junio, 2014
PENTECOSTÉS Y LOS VEINTEAÑEROS
De las peores que cosas que te pueden decir es que
«eres viejo». Eso es peor aún que si te dicen que «eres antipático» o que eres
«una raspa». La palabra «viejo» es antónima de «joven». Sabemos lo triste que
es que una persona huela a «viejo», porque lo que deseamos es que el olor sea «fresco».
También tiene que ver con el «valor» de las cosas: un sillón «viejo» se tira;
un sillón «antiguo» se restaura.
En los acontecimientos de estos días en España
(tanto las elecciones al Parlamento europeo como la abdicación del rey), muchos
han leído que «estamos viejos». Han pasado cuarenta años (casi) desde el inicio
de la democracia (Franco muere en el 1975; la constitución es de 1978); pero,
ahí quería llegar, estos cuarenta años hay que sumarlos a los veinteañeros o
treintañeros de entonces; hoy están en los sesenta, setenta, ochenta… Otra
generación. Otros recuerdos. Otras perspectivas. Otros esquemas mentales. ¿Son
mayores o viejos? ¿Aquella es una generación mejor o peor preparada que los de
ahora? ¿Con más valores o con otros valores que los de hoy? ¿Con más sentido de
la responsabilidad o con menos que los jóvenes que empujan?
Hace ya un tiempo, al hablar de los años setenta con
el corazón en la boca, los años de la transición, un chaval joven me decía:
«Pedro, ¡que yo he nacido en el 82, cuando el triunfo del PSOE!, ¡que no sé de
qué me hablas…!». ¡Era verdad! ¡Él oía cosas del pasado! Me acordaba de cuando
nuestros superiores en el Seminario nos hablaban de los años del Concilio: lo
que esperaban, cómo se movilizaban, cómo leían con avidez todo lo que llegaba
de las aulas conciliares… y nosotros decíamos: «pero, Tino, cuando tuvo lugar
el Concilio… ¡yo estaba naciendo…! ¡yo no he vivido eso!». Los veinteañeros y
treintañeros de ahora han nacido en la democracia (para ellos Franco y su
dictadura pertenece a la historia); los veinteañeros y treintañeros de ahora ni
han cantado nunca, ni conocen el «Cara al Sol», tampoco la «Internacional», ni
tampoco el «Venid y vamos todos con flores a María». Son otra generación para
todo.
Jesús dice en el evangelio «no se puede poner un
remiendo en un vestido viejo, ni se puede echar vino joven en unos odres
viejos». Jesús sabía mucho y decía mucho. No nos podemos empeñar en usar medios
viejos, expresiones viejas, incluso estructuras viejas, para algo que es nuevo,
emergente, fuerte, imprevisible. Como no soy «ácrata» (nunca lo he sido), no
quiero hacer un alegato de la «anarquía», sino de la novedad, de la fuerza, de
la frescura, de la ilusión y sabiduría que nace en Pentecostés.
Dicho con imágenes. En la era del «AVE», no
podemos proponer un viaje en «ferrocarril». Puede ser que el ferrocarril sea más
nostálgico y romántico; las nostalgias no nos sirven para nada, más que para
paralizar; aceptamos ser románticos, pero con moderación y solo en momentos
puntuales, no como «norma».
En la era de las «redes sociales» (inmediatez,
agresividad, internacionalidad), no podemos proponer «octavillas» como medio de
comunicación social (esta idea no es mía, la oí el otro día en la tele cuando
hablaban de los cambios palpables y evidentes). Aquí ya no se puede ser ni
nostálgico ni romántico, sino práctico y operativo.
En la era de la participación y de la autonomía
del individuo, no se pueden dar argumentos de cuartel: «porque yo lo digo», o
«porque yo lo mando», o «esto es así y basta». Hace ya tiempo que la
«autoridad» se distingue del «autoritarismo». Están diciendo «una persona, una
voz, un voto»; ¿dónde queda el «no se preocupe, señora María, que yo hablaré
por usted?».
El próximo domingo es PENTECOSTÉS. A los
veinteañeros y treintañeros, por desgracia, no les dice nada, o casi nada. A los
que creemos en el Dios de Jesús, a los que invocamos al Espíritu Santo para que
nos «renueve», PENTECOSTÉS es sinónimo de «frescura impregnante», de «ilusión
renovadora», de «fuerza arrolladora», de «novedad en el pensamiento, en las
actitudes y en el lenguaje». El batiburrillo
y el guirigay que se formó en Babel, se transforman en PENTECOSTÉS en diálogo,
en propuestas, en ganas de salir a la calle, en abrazos. Para todos los
creyentes de todas las generaciones, también para los veinteañeros y
treintañeros que tienen el reto difícil pero apasionante de dar forma y
lenguaje a la fe cristiana, ¡feliz Pascua de Pentecostés!
Pedro Ignacio Fraile Yécora
Pentecostés 2014
http://pedrofraile.blogspot.com.es/
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