Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18
Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Comentario
Oración,
limosna y ayuno son tres de los pilares de las liturgias penitenciales
presentes en las Escrituras. Con el ayuno, Israel descubre que el Señor es el
fundamento de su vida. Con la limosna toma conciencia de que debe compartir
unos bienes que Dios le ha puesto en sus manos. Con la oración se une al Dios
de la vida. Ahora bien, como en otras tantas experiencias religiosas, lo que en
sí es un valor, puede tornarse en perversión si el ser humano lo trastoca con
sus intereses. La naciente comunidad judeocristiana de Mateo vive una situación
de hostilidad por parte de la sinagoga. Jerusalén ha sido destruida; grupos
importantes del pueblo judío, como los saduceos o los esenios, han
desaparecido, y los fariseos toman las riendas de la situación. Las palabras
que pone Mateo en boca de Jesús son incisivas. A la vez que una denuncia a las
falsas actitudes religiosas de la época, es una llamada de atención a la
comunidad naciente para que su posición interior ante la oración, la limosna y
el ayuno se realicen con un espíritu nuevo. Jesús no niega su valor, sino que
los coloca en su justo punto. Limosna sí, con justicia, no para buscar la honra
humana ni menos aún para justificar formas escandalosas de vida. Oración sí,
con honestidad, no como una pose de falsa piedad o para querer construir una
falsa existencia ante Dios. Ayuno sí, adorando solo a Dios y no a los ídolos;
ayuno de todo lo que es inhumano. No aparentéis, no llevéis doble vida, no
busquéis el reconocimiento de la gente, no seáis falsos, no hagáis de un gesto
de reconocimiento al Dios de la misericordia una propaganda de vosotros mismos.
Jesús no pide derribar los tres pilares, sino darles su justa medida y su
significado apropiado, que toma su luz del Evangelio.

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