La semana
pasada estábamos en Belén; cuando nació Jesús, una ciudad de la tribu de Judá,
bajo la autoridad del Imperio Romano; hoy una ciudad grande de la Autoridad
Palestina, separada de Jerusalén por un tremendo muro de vergüenza y violencia.
En la plaza principal han colocado un hermoso árbol de Navidad, lleno de luces
y bolas de colores. Al fondo, el alminar de la mezquita preside con altivez la
plaza mayor de la ciudad. A nuestras espaldas se levanta la Basílica de la
Natividad.
La foto no
hace justicia a lo que quiero narrar, pues en el momento de fijar la imagen, se
oía el canto del almuédano llamando a la oración, la penúltima del día. Una voz
potente, nasal, alargada intencionadamente recordaba que ‘Alah es grande… que
no hay otro Dios que Aláh…, que Mahoma es su profeta…’ Se lo recordaba, en
árabe, a lugareños y ajenos; a musulmanes, cristianos y gente de toda condición
que pasaba por allí.
No puedo por
menos que dejar vagar mis sentimientos a la vez que las preguntas vuelven machaconamente
una u otra vez. Belén es el lugar del nacimiento de Jesús; para los cristianos
es el lugar de la encarnación, donde el Dios del cielo se hace «carne débil»,
«barro amasado», «cuerpo y alma», «humano y fraterno». Dios se hace uno de
nosotros, y nosotros sabemos que podemos mirar sin miedo, cara a cara, a Dios,
porque sólo en él podemos descubrir quiénes somos y cuál es nuestro futuro. La
población cristiana se está marchando de Belén: cada vez son menos… prefieren
irse a otros lugares donde la vida diaria con la familia es posible… Los franciscanos
lo repiten una y otra vez como denuncia profética y como llanto ante una
realidad ante la que se sienten impotentes «Belén se está quedando sin cristianos».
Un árbol de
Navidad, y unas cuantas calles iluminadas, recuerdan la fiesta cristiana. El
árbol de Navidad parece un guiño a Occidente, porque ¡en la montaña de Belén no
hay hermosos abetos, ni pinos, ni coníferas… sino fructíferos y longevos
olivos, o duros y generosos almendros…! El canto del almuédano nos pone los
pies en la tierra: en Belén la megafonía llama a que sólo demos culto a Aláh.
Es Adviento.
Es tiempo de esperanza. Es tiempo de soñar. Es tiempo de no cejar ante las
evidencias. Es tiempo de abrir caminos. Es tiempo de trazar sendas. Es tiempo
de no dejarnos vencer por los enemigos de la bondad, de la justicia, de la
alegría.
Camino de
Belén, en tiempos de Adviento…. Seguimos yendo un año más camino de Navidad.
Pedro Ignacio Fraile Yécora
http://pedrofraile.blogspot.com.es/
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