18 diciembre, 2017

MI SEXTO LIBRO: CONCORDANCIAS PASTORALES DE LA BIBLIA

Me acaba de llegar ahora mismo a casa: "Concordancias pastorales de la Biblia". Solo lo he abierto para echarle una primera mirada. Está aún 'caliente'. Recién salido del horno. Es mi 'sexto' libro, todos ellos en torno a la Biblia.

Se trata de una "obra mayor", pues ¿quién se atreve a hacer unas 'Concordancias bíblicas'? Por eso mismo es una obra atrevida, con ciertas dosis de osadía, de intrepidez, pero a la vez una obra con mucha dedicación, y con rigor. Cada palabra ha sido leída en su texto original, partiendo siempre de las fuentes (hebreo, griego). 

Hay otras muchas 'Concordancias' en el mercado que están a disposición de todas las personas interesadas en la Palabra de Dios. Estas 'concordancias' tienen un subtítulo: 'Concordancias pastorales'. Están pensadas, de forma particular, para que lleguen al gran público; a la gente que necesita instrumentos para acercarse más a la Biblia. 

En ella leemos y encontramos términos como 'amor', 'alegría', 'perdón', 'salvación', 'paz'... también seguimos la trayectoria de personas como 'Jesús', 'Juan Bautista', 'María', 'Pablo' etc.
Otras palabras son 'profeta', 'alianza', 'elección', 'enseñanza' etc...

No son un 'diccionario', sino una 'herramienta' para seguir el camino de estos términos fundamentales a lo largo de la Biblia cristiana. Tienen una vocación de 'servicio'.

Es una obra pensada para el estudioso de la Biblia; también por supuesto para el cristiano que quiere conocer mejor la Escritura que alimenta su fe; para los grupos que se reúnen para estudiar desde la fe y desde la 'Lectio Divina'. Y también, por qué no, es una obra pensada para las personas con cultura que tienen interés por el hecho religioso y están abiertas a seguir profundizando. 

La dedicatoria es para los dos principales centros de Estudio donde he madurado como profesor de Biblia: el Seminario de Tarazona y el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón.

Un buen regalo para estas próximas Navidades.

Pedro

16 noviembre, 2017

¿JESÚS ERA ISRAELITA O JUDÍO?


La pregunta parece necia, pero no lo es. Ayer llegué de Tierra Santa. El chófer que me llevó al aeropuerto me la hizo. Él es palestino de Jerusalén, cristiano, de rito copto. Le pregunté la razón de esta pregunta y me dijo que acababa de llevar a un grupo de protestantes de los Estados Unidos; él  entiende perfectamente el inglés, y me comentó que hablaban mucho del Antiguo Testamento y que decían que Jesús era ‘israelita’. Cuando uno conoce esa tierra, y el trasfondo político que hay, se entiende su preocupación, pues él es palestino cristiano. Yo le contesté que Jesús era el Hijo de Dios. Esto no le tranquilizó pues no respondía a su inquietud. Luego añadí que Jesús nació en Belén… Se quedó pensativo y dijo: ‘entonces Jesús nació en Tierra Santa (Holy Land’); le dije que sí, y pareció más conforme.
El asunto no es baladí, sino muy importante. Hace ya muchos años que me hicieron esta misma reflexión, pero desde otro punto de vista: desde el éxodo. ¿Cómo leen los palestinos cristianos el Antiguo Testamento? ¿Cómo entienden ellos que Dios ha liberado a Israel? ¿Cómo se sienten ellos ‘herederos’ en la ‘tierra prometida’, que según la Biblia es para el pueblo de Israel? Hay una pregunta de fondo: ¿cómo interpretan la Biblia, que es un texto judío, como ‘Buena Noticia de Salvación’, los palestinos cristianos? Podríamos extender esta pregunta a los ‘árabes cristianos’ (latinos, ortodoxos, sirios, coptos, maronitas etc.).
Es verdad que muchas Iglesias cristianas orientales son ‘monofisitas’; esto es, que insisten más en la naturaleza divina de Jesucristo que en la naturaleza humana. Según esto, prefieren ver a Jesucristo como el Hijo de Dios, sin insistir en su condición humana. Pero… aquí es donde se plantea la pregunta de mi amigo el chófer, que le dejó perplejo y preocupado: ¿De verdad Jesús era un israelita?
Desde el punto de vista de la investigación, Jesús era un judío del siglo I. Un «judío marginal», como se le considera en algunos círculos de estudio, pero judío: va a las sinagogas el Sabat (Sábado), aunque lo cuestiona; conoce la Ley y dice que no ha venido a ‘abolirla, sino a darle cumplimiento’; conoce todos los textos sagrados y los cita (Tanaj), nuestro Antiguo Testamento. Muchos ven en él al Mesías esperado por el pueblo judío.
Nosotros, los cristianos, confesamos a Jesucristo como el Hijo de Dios; pero sabemos que por su «encarnación», Jesús no es un personaje medio divino, medio celeste, medio hombre… que nos despista. ¡Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre! Jesús nació en el seno de una familia judía, y era judío. No es un desdoro, sino consecuencia de la encarnación. María, su madre, era una joven judía.
El actual Estado de Israel, por su parte, recibe su nombre del antiguo Reino del Norte que aglutinaba grandes tribus (Efraín, Manasés, Benjamín) y que desapareció el año 722 a. C. Tal fue el golpe recibido, que nunca se recuperó. De hecho los profetas siempre soñaban y anunciaban el futuro como la restauración y unificación de nuevo de Israel (desaparecido en la historia) y de Judá (vigente en la historia, origen de la religión judía). Israel como tal era un nombre ‘simbólico, soñado, deseado’, más que una realidad cuando vivía Jesús; más aún, era un ‘sueño’ hasta el siglo XX. Cuando la ONU, en 1947, preguntó a los judíos qué nombre querían para el nuevo Estado que iba a nacer, no dudaron: «su nombre será Israel». De esta forma recuperaban aunque fuera solo de forma política, no religiosa, el antiguo sueño.
Volvamos a la pregunta que inquietaba el corazón del chófer palestino: ¿Jesús era israelita? La respuesta, más sosegada es: no, no era israelita porque el Estado de Israel no existía cuando él vivía entre nosotros; tampoco existía en aquel tiempo el Reino de Israel, más que en el sueño deseado de un futuro incierto. Eso sí, Jesús era judío; pero como dicen los biblistas, un «judío marginal». Más aún, como decimos los cristianos, un «judío» que llevó a plenitud las promesas de Dios: Jesús es el Hijo amado de Dios.
Pedro Ignacio Fraile Yécora
16 de Noviembre de 2017








05 noviembre, 2017

«MASTER EN DISCIPULADO» (Domingo XXXI del Tiempo Ordinario)

Las titulaciones de ‘master’. Hace solo unos pocos años, una década o a lo sumo dos, nadie hablaba de los estudios universitarios que llevaban el título anglosajón de ‘master’. Es más, nos parecía una cursilería propia de unos pocos sabidillos. Hoy, sin embargo, oímos hablar de este título universitario con normalidad. Los estudiantes jóvenes han hecho, o tienen en sus planes inmediatos realizar un ‘master’. Podríamos traducir este término literalmente como ‘maestro’, añadiéndole el sentido de que adquiere una ‘autoridad’ en la materia, de que es un ‘especialista’  de referencia.
                En el judaísmo que vivió Jesús, ya había ‘maestros’ o ‘masters’ en la Ley judía, la Torah. Todos se dirigían a ellos, convencidos de que eran ‘autoridades’ en la interpretación de la Ley. Les escuchaban con admiración y respeto; les obedecían porque la gente sencilla ponía en ellos la respuesta a sus dudas y descansaban.
El evangelio da un vuelco. Jesús conocía bien esta situación. Él desde pequeño había oído hablar de estos ‘maestros de la Ley’ y luego, sin duda, en más de una ocasión los frecuentó y los escuchó. Sin embargo no lo hizo con la sumisión entregada y acrítica de la mayoría de sus compañeros. Jesús no solo no estaba de acuerdo con ellos, sino que se enfrentó a ellos y les denunció. El evangelio de Mateo comienza solemnemente con las palabras de Jesús: «en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos». Jesús no rechaza la Ley de Dios, sino el abuso y la interpretación que unos pocos hacen de ella. Ellos se consideran «maestros»; Jesús dice, sin embargo, a sus discípulos que no les llamen «maestros», porque uno solo lo es, Dios. Lo mismo dice con el título de «padre»: solo a Dios se le debe llamar «Padre»; lo mismo dice del título de «jefe».
                ¿Acaso Jesús propone una sublevación total de los estamentos sociales? ¿Podríamos pensar que Jesús anuncia un cambio de esquemas políticos? A lo largo de la historia se han intentado distintas lecturas en esta línea: Jesús como revolucionario, como instigador de cambios radicales en la sociedad… La compleja y convulsa vida de la humanidad y de la Iglesia han ido desvelando que se tratan muchas veces de lecturas del evangelio interesadas, que parten de prejuicios ideológicos.
‘Master’ sí, en discipulado. Recuperamos la imagen del título de ‘master’ que tanto juego da, en los albores del siglo XXI, en los países de occidente que sueñan con un futuro prometedor e ilusionante. Siguiendo esta estela, me atrevería a reflexionar y compartir. ¿Jesús nos propone un ‘master’? La respuesta sería, ‘sí’. La propuesta de Jesús sigue siendo paradójica. Se mueve entre el ‘ya’ y el ‘todavía no’; entre las ‘expectativas’ que se crean y la ‘realidad profunda’ que encierra.
                Jesús nos propone que seamos ‘maestros en su seguimiento’; que hagamos el ‘curso del discipulado’; que nuestra ‘especialidad’ sea la de interpretar y seguir las huellas por donde  él transita. La sorpresa será, precisamente, esa: que no llamaremos a nadie «maestro», ni «padre», ni «jefe», porque Dios hará que descubramos que él mismo, Dios, es nuestro maestro; que Dios es «el Padre del cielo»; que las jerarquías entre jefes que mandan y subordinados que obedecen desaparecen ante la nueva realidad: todos somos hermanos en nuestra condición de hijos del Padre de Dios, de hermanos en el hermano mayor que es Jesús.
Un deseo final: que todos hagamos este ‘master de discipulado’ tras las huellas de Jesús.

Pedro Ignacio Fraile