Evangelio: Marcos 3,31-35
En aquel tiempo
llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La
gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están
fuera y te buscan». Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y, paseando
la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple
la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Comentario
Debemos leer este texto
completo, desde unos versos anteriores, siguiendo un esquema literario que es
propio de Marcos. Primero habla de la familia que busca a Jesús porque piensa
que «está fuera de sí» (Mc 3,21); luego Marcos introduce otro tema: los maestros
de la Ley que han viajado a Cafarnaún desde Jerusalén, acusan a Jesús de que está
poseído por Belcebú (Mc 3,22). Marcos, por fin, recupera el argumento de los
familiares que le buscan para llevárselo a casa (Mc 3,31-35) este último
fragmento de la escena es el evangelio que leemos hoy. Es lo que se conoce como
un «esquema en bocadillo: A-B-A’.
Marcos habla de un grupo humano que dibuja a grandes trazos como la «madre y los hermanos» de Jesús. Podemos entender que son sus familiares próximos, según el esquema cultural semita de la época, que han viajado desde Nazaret hasta Cafarnaún. La escena que dibuja Marcos tiene una distribución de los espacios y personajes que es significativa. Unos vienen «de fuera», no hablan con él, sino que le llaman para que salga del recinto donde está y se vaya con ellos; no hacen ni siquiera mención de escucharle. Otros están sentados a su alrededor en actitud de escucha.
Se crean dos espacios. Los «familiares según la sangre» no están en disposición de ser discípulos porque se dejan llevar por lo que ellos piensan de él, porque creen que le conocen; por el contrario, los que están en torno a él, a sus pies, en disposición de acoger su mensaje y su persona son «su nueva familia». Marcos plantea la pregunta importante y decisiva: ¿Quién es de la familia de Jesús? ¿Los que pueden presentar «lazos de sangre» o los que le escuchan y quieren vivir conforme a la voluntad de Dios? Ser cristiano supone entrar en los círculos íntimos de Jesús y ponerse a sus pies como discípulo. Ahora bien; esto no supone privilegios, porque si a Jesús le tratan a veces con dureza, su discípulo no puede esperar parabienes y halagos.

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