25 enero, 2026

JESUS, DESDE GALILEA, INAGURA UNA NUEVA RELACION CON DIOS

 

Evangelio: Mateo 4,12-23 (o bien: 4,12-17)

 Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a  Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en las tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte una luz les brilló».

Entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Pasando Jesús junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

 


Comentario

El evangelista Mateo escribe pensando en los judíos que ven con simpatía a Jesús pero que se hacen esta pregunta: la vida de Jesús ¿ha sido anunciada en las Escrituras? Para un judío la pregunta tiene sentido. El Dios de los padres no hace nada al azar: se comunica en la historia, anticipa por medio de los profetas su voluntad, anuncia sus intervenciones. Mateo así lo comprende y así lo repite con insistencia. No es casual que Jesús sea galileo, de donde no se puede esperar nada, pues en toda la historia de Israel nada ha demostrado. No solo no es casual, sino que Dios mismo lo había anunciado por medio de Isaías, profeta de total garantía para un buen judío. Jesús llama a la «conversión». Llamada universal, pues cada uno de nosotros sabe dónde está, cuáles son sus cadenas y sus expectativas, y todo esto lo debe poner a los pies de Dios y de su Reino: «Está cerca el reino de Dios». El texto presenta a continuación la llamada a los primeros discípulos: unos pescadores galileos. Se trata, con las claves históricas bíblicas, de una novedad radical. Si en el Antiguo Testamento los llamados eran hebreos con raíces bien en el reino del Norte, bien en el reino del Sur, de las casas de Israel y de Judá, ahora Jesús llama a unos galileos. Galilea –territorio de Zabulón y Neftalí– era tierra de frontera, más próxima a los arameos del norte y a Damasco que a Jerusalén y su Templo. Como dice el texto, era tierra «de los gentiles». ¿Se puede alcanzar mayor provocación? Jesús tiene una misión que supera los clichés para inaugurar una nueva forma de entender la relación con Dios. La salvación alcanza las tierras que oficialmente no eran dignas de ser tenidas en cuenta por las personas religiosas.